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29/10/2019
PSOE y Vox, amigos para siempre

Por Ignacio Varela, en El Confidencial

Los futboleros conocen bien el significado de la expresión “hacer (o tirar) una pared”. Se inicia la jugada cuando un jugador pasa la pelota a otro, que la devuelve de inmediato, con un único toque, a quien se la entregó, que en esos breves instantes ya se ha movido a una posición más ventajosa. Con ello se busca provocar desequilibrios en el rival, desbordando su línea defensiva. Como la maniobra ha de ser muy veloz, ejecutarla bien exige gran precisión técnica y sincronización.

 

El PSOE y Vox, Pedro Sánchez y Santiago Abascal, llevan meses practicando esa suerte con buenos resultados para ambos. En materia de paredes, se han revelado como los Iniesta y Xavi de la política española. Se entienden sin hablar y casi sin mirarse: cada uno sabe dónde desea el otro que le ponga la pelota.

 

Pocas veces dos políticos tan distintos y distantes formaron una sociedad tan provechosa. Desde que descubrieron que son mutuamente funcionales, su colaboración a distancia no ha cesado.

 

Vox jamás habría despegado como un cohete si no hubieran existido la moción de censura y la connivencia de Sánchez con Podemos y los independentistas. Se suele asociar el crecimiento vertiginoso de Vox al 1 de octubre catalán, pero su explosión demoscópica coincide cronológicamente con el llamado “pacto de Pedralbes” de Sánchez y Torra. Hasta entonces, ninguna encuesta los había situado por encima del 2% de intención de voto.

 

A su vez, Sánchez no habría logrado el triunfo espectacular del 28 de abril sin la irrupción en el escenario de un partido de extrema derecha, que permitió al 'agit-prop' oficialista meter el miedo en el cuerpo a los votantes de la izquierda e inducirlos a agruparse defensivamente en torno al líder de ese bloque, restableciendo con toda crudeza el eje ideológico como motor del voto.

 

En realidad, el juego lo comenzó Susana Díaz. Ella fue la primera que vio la ocasión y, aprovechando que Pedralbes pasaba por Triana, metió de lleno a Vox en la campaña andaluza de diciembre del 18. A ella no le sirvió de gran cosa, pero la consecuencia fue un magnífico regalo de navidad para Pedro Sánchez.

 

El gobierno tripartito andaluz le suministró la base fáctica que precisaba para dar verosimilitud a la leyenda del trifachito, la derecha trifálica, las Tres Derechas que se comían a los niños crudos… Pablo Iglesias colaboró como un pichón llamando a la “emergencia antifascista”, que fue la mejor forma de invitar a sus seguidores a pasarse en masa al campo sanchista.

 

La segunda ayuda providencial le vino a Sánchez de la ocurrencia riveriana de montar el acto de Colón para exhibir músculo españolista. Aquella foto le sirvió en bandeja al PSOE su campaña electoral favorita, la del voto reactivo. Tengo para mí que fue entonces cuando en Moncloa se decidió provocar la derrota de los presupuestos para dotarse de la coartada que permitiera adelantar las elecciones.

 

Gracias a ello, Sánchez se libró de responder en la campaña por su sociedad de socorros mutuos con todo el bloque extraconstitucional de la Cámara. Nunca se vio a un candidato repetir tantas veces en tan poco tiempo la expresión “extrema derecha”; jamás las terminales mediáticas del oficialismo secundaron con tanto entusiasmo el mensaje intimidatorio. Ni una sola encuesta aproximaba siquiera a la derecha a la posibilidad de gobernar, pero ese peligro fue el tema de la campaña por encima de cualquier otro.

 

Vox dio al PSOE la plataforma que necesitaba para convulsionar a la izquierda y comerse a Podemos, y este le devolvió el obsequio elevándolo al estrellato de la derecha. Una pared majestuosa.

 

En el momento actual, la mayor preocupación del PSOE es el crecimiento del PP. Como la 'mayoría cautelosa' que debía darle una victoria arrolladora se resiste a comparecer, ya se conforma, qué remedio, con mantener la cota de abril, en torno al 28% del voto y 123 escaños. Pero necesita mantener la máxima ventaja posible sobre el PP.

 

En nuestro sistema electoral, tan importante es quién gane como la distancia entre el primero y el segundo. En abril el PSOE aventajó al PP en 12 puntos, lo que le proporcionó una extraordinaria cosecha de escaños en ambas cámaras, ganando la elección en casi todas las provincias mesetarias de amplia mayoría conservadora. Ese fue el segundo gran favor de Vox al PSOE.

 

Ahora el PP recupera el pulso y, además, se beneficia del hundimiento de Ciudadanos. Ello le ha permitido remontar desde el triste 16% de abril y rebasar la frontera del 20% (el promedio de encuestas lo aproxima ya al 22%). El PSOE puede permitir que su distancia del 28-A sobre el PP se reduzca a la mitad, pero no más. En cuanto la distancia sea de tres puntos, habremos entrado en la zona del empate a escaños; y si se redujera aún más, se encenderían todas las luces rojas en Moncloa y en Ferraz.

 

Como la masa del voto de la derecha no aumenta, el PP ha de concentrar cerca del 60% de su bloque ideológico para pintar de azul todo el centro peninsular (que ha sido históricamente suyo, incluido Madrid) y comprometer la victoria en escaños de los socialistas. Para ello no le basta con retener a sus votantes y exprimir a Ciudadanos. Debería recibir, además, un buen número de votos de retorno procedentes de Vox.

 

Vox es ahora mismo el muro que se interpone entre Casado y su remota probabilidad de ganar las elecciones. Y el muro se hace singularmente espeso en las provincias clave del interior, en las que un pequeño impulso devolvería al PP la hegemonía que siempre tuvo en ellas.

 

Vox frena al Partido Popular y contribuye al desmantelamiento de Ciudadanos. Justo lo que necesita el PSOE para no pasar sobresaltos en esta elección. Esta es la sorda batalla que se libra en esta fase de la campaña: el PSOE necesita imperiosamente que Vox resista a toda costa, y no escatimará recursos ni medios para fortalecerlo. El 'show' del desentierro de Franco a dos semanas de la votación debe incluirse en ese capítulo. Se llama ayudar al enemigo de tu enemigo.

 

En los manuales de estrategia electoral se describe al adversario de referencia como aquel con el que no te disputas ningún voto, pero con el que debes enfrentarte para quedar bien perfilado ante tu propia base y operar sobre el mapa electoral. Visto así, el PSOE y Vox, Sánchez y Abascal, son adversarios de referencia ideales. Por anómalo que parezca, ello los asocia estratégicamente.

 

Sobre la pertinencia de que un partido de izquierda estimule a la extrema derecha para prevenir el crecimiento del centro-derecha, se admiten opiniones.

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