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10/03/2019
«Sería una barbaridad que las empresas se marchasen por el CO2»

Por Juan José Fernández -Decano del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de España-, en El Comercio

Reconoce que la extracción de carbón no tiene gran futuro en Asturias, pero sin embargo, el decano del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste de España, Juan José Fernández (Trubia, 1959), defiende que hay aún mucho espacio para la minería en la región. También la labor polifacética de los profesionales a los que representa y una descarbonización pausada, que dé tiempo para asumir los cambios sin provocar traumas en la economía y los territorios. Mañana, a las 20 horas, ofrecerá una conferencia en el Hotel de la Reconquista, en Oviedo, enmarcada en el ciclo 'El Foro de Asturias' bajo el título ‘Apuntes sobre la Transición Energética en España’.


–¿Está desahuciada la minería en Asturias?

–La minería es más que la minería de carbón. Hay mucha más, como áridos, fluorita u oro. Pero a las minas de carbón les queda poco. Si quitamos estas, la minería no tiene por qué estar en declive. ¿Cuánto va a funcionar? Dependerá del precio del mercado.


–¿Y en el resto del planeta?

–En otros países seguirá funcionando. China, Rusia, Colombia, Australia o Sudáfrica son grandes productores.


–Y si allí siguen extrayendo y usando carbón, ¿tiene sentido abandonarlo aquí y apostar por la descarbonización?

–La descarbonización surge en los años 90 por la concienciación contra el cambio climático, pero a estas alturas las emisiones de CO2 en Europa en comparación con las del resto del mundo son pequeñas. En todo el planeta son unos 35.000 millones de toneladas al año, solo China produce 10.000, Europa unos 3.000 y España sobre 240. Europa se ha comprometido a bajarlas para ver si otros países nos siguen, pero por desgracia no nos siguen grandes emisores como China o incluso Estados Unidos. Y el cambio climático es global, que España deje de producir es poco significativo para el planeta.


–Entonces, ¿no se hace nada?

–Hay que hacerlo, pero de forma pausada. Corremos el riesgo de que el coste económico sea tan grande que las empresas se vayan a otros sitios y, al final, no hacer nada realmente por el planeta. Hay que hacer las cosas con cautela, no ir más rápido de lo que la economía puede soportar. Tenemos el ejemplo de Alcoa, empresas como esta o Arcelor consumen mucha energía y, si es demasiado cara, pueden pensar en marcharse y no bajarán las emisiones de CO2, solo se trasladarán a otro sitio. La descarbonización es necesaria, pero a nivel global. Si los que más emiten no deciden actuar, no vamos a hacer nada. En Asturias o España poco podemos hacer.


–¿Es peligroso intentar liderar la transición energética?

–Ir de abanderados de tecnologías muy verdes puede tener un sobrecoste importante que, a lo mejor, la industria no puede soportar. No hay que olvidarse de la parte económica y de la gente. Se puede crear pobreza. Hay que pensar a qué ritmo se hace, porque si es excesivamente rápido puede haber fuga de empresas.


–El Gobierno defiende que plantea una transición justa, ¿cómo la ve?

–Lo de justo o no justo... Tiene que hacer predicciones a 2030 y hace un plan integrado, que no digo que esté mal, pero que genera incertidumbres, como favorecer que desaparezcan tecnologías como la del carbón o la nuclear, que son totalmente gestionables, frente a primar las renovables sin tener en cuenta la garantía de suministro. Habrá que ir reorientando las cosas.


–¿Se ha iniciado este proceso demasiado tarde, como defiende la ministra Teresa Ribera, o se va demasiado deprisa ahora?

–En relación a los compromisos de Europa, España no iba mal. Los que plantea el Gobierno ahora son objetivos más ambiciosos, queremos mejorar los europeos. A lo mejor, a la mitad del plan hay que hacer modificaciones si las cosas no van como se piensa. Por ejemplo, se habla de inversiones muy importantes en renovables que tiene que pagar el sector privado y para ello tiene que tener la garantía de recuperarlas.


–¿Cómo puede hacer frente Asturias a este proceso?

–El plan prevé que se identifiquen zonas para redistribuir la riqueza, regiones que mejorarán su economía y otras que la empeorarán. Deja entrever que podrá haber ayudas. Asturias es una región particular, porque cuenta con el 2% de la población nacional y del PIB, pero su generación eléctrica se eleva al 5,5% y de esa el 70% proviene del carbón. La desaparición de las térmicas puede ser problemática. Solo dos, las de Aboño y Soto de Ribera, han hecho las inversiones necesarias en materia de emisiones para continuar más allá de 2020, pero si no logran ser competitivas porque se penalice el carbón y el CO2 podrían cerrar igualmente. Sería una pena.


–¿Tiene margen de crecimiento Asturias en renovables?

–En el tema solar estamos peor que otros sitios, como Castilla y León, pero ya tenemos unos 500 Mw instalados de eólica y tenemos capacidad de crecer. Sin embargo, solo la potencia instalada de Soto de Ribera y Aboño supera los 900 Mw, así que habría que, al menos, duplicar la potencia en renovables para tener la misma, pero con una desventaja, la del carbón es potencia en firme, que la tengo cuando la quiero y la necesito, y la de renovables no. Hay que diferenciar potencia instalada de horas de funcionamiento. Está por ver también si el precio baja con la entrada de renovables como dicen. Esa es otra de las incertidumbres.


–¿Defendería un arancel ambiental para aquellos que tienen que hacer frente al pago de derechos de emisión de CO2 como pide Arcelor?

–Cada sector tendrá que verlo. El acero chino, por ejemplo, no está penalizado y el asturiano sí, aunque de momento tiene los derechos de emisión prácticamente gratis. Pero hay otro componente, que es el precio de la electricidad, mucho más caro que para sus competidores. Si Europa no se da cuenta habrá deslocalizaciones. Si una industria se va fuera el CO2 que emita será igual, pero se llevará a donde se vaya la parte económica. Sería una barbaridad que empresas se marchasen por el tema del CO2.


–¿Se han centrado mucho las críticas hacia la contaminación de térmicas o industria, ¿se piensa en las emisiones difusas, como la del tráfico, demasiado tarde?

–Es así. Las emisiones en España relacionadas con el transporte suponen entre el 25% y el 30% y las de la energía eléctrica un 20%. Se cargó toda la reducción del CO2 en el mismo lado y es más importante el tema del transporte.


–¿Entiende las críticas al diésel?

–Con los motores de combustión se da una situación curiosa. Desde 2014, un coche nuevo de gasolina emite más CO2 por kilómetro que uno de gasóleo, mientras que el resto de emisiones son similares. Así que eso de demonizar al diésel... Pero de cara al futuro, el coche tiene que reducir su consumo y haber una mayor penetración de vehículos eléctricos.


–¿Qué papel han de tener los ingenieros de minas en el proceso de descarbonización?

–Tradicionalmente hemos estado ligados a las materias primas, a la industria de transformación y a la eléctrica y del medio ambiente. Podemos dar un enfoque global a todo esto.

Etiquetas:  
CO2 

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