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13/07/2011
Discurso de Enrique Álvarez-Sostres en el Pleno de Investidura
  • Junta General del Principado de Asturias - 13 de julio de 2011

Sr. Presidente, Sras y Sres. Diputados, Sras y Sres.

 

El pasado 22 de mayo se produjo un hecho sin precedentes en la reciente historia democrática de Asturias. Sus ciudadanos, las personas que acudieron a las urnas a ejercer su derecho al voto, pusieron en cuestión las estructuras del equilibrio de poder existentes hasta el momento y optaron, de forma clara y evidente, por la realidad del cambio. Un cambio que no solo permita acabar con esos equilibrios de poder político, que se han mostrado ineficaces, sino que permita a los asturianos encontrar un camino hacia un futuro mejor, y en el que ellos tengan una participación activa. Una salida a la delicadísima situación económica, un muro infranqueable contra la corrupción que debilita la acción de las administraciones públicas implicadas; un freno, también, a la sangría de jóvenes del Principado que no encuentran en su tierra una oportunidad. Una Asturias, en definitiva, que hable alto y claro cuando se trata de exigir lo que en justicia le corresponde y que nadie ha sabido o querido proporcionarle.

 

Y ese cambio, esa  revolución política que se ha producido en el Principado de Asturias, está encarnada por FORO ASTURIAS, en nombre de cuyo grupo parlamentario me dirijo a ustedes, y que va a tener la responsabilidad única de gobernar los destinos de Asturias en el futuro más inmediato, si esta Cámara le da la confianza a nuestro candidato a Presidente del Gobierno.; una tarea muy compleja, pero al mismo tiempo cargada de esperanza.

 

Decía Melquíades Álvarez que él creía en el Gobierno como “lugar de sacrificio para cumplir lo prometido”. Sabia reflexión. El ansia de cambio que representa nuestra victoria electoral, no puede convertirse en un salto en el vacío que no se concrete en propuestas específicas, en políticas tangibles, en algo tan evidente como dar soluciones a los verdaderos problemas de la gente, no en crear nuevos conflictos con los que tapar la ineptitud.

 

El Gobierno que va a presidir Francisco Álvarez-Cascos estará preparado para afrontar todos los retos presentes y futuros. Pero no será solo el Ejecutivo, ni, por supuesto, Foro Asturias, los que estén en disposición de generar esperanza entre los asturianos. Hemos de ser todos los que estamos en el Cámara, todos los que ahora nos ven y escuchan; la suma de cada uno de los asturianos que forman parte de esta comunidad, sin excepciones de ningún tipo, los que tenemos que ponernos manos a la obra a una labor que se afrontará con éxito en la medida que tengamos un objetivo común: los intereses de Asturias. Sin sectarismos, con altura de miras, aceptando nuestro pasado para impulsar un futuro que nos permita ser mejores, ser más completos.

 

Sin embargo, para hacer un diagnóstico certero de la situación –desde la más absoluta sinceridad, alejados de cualquier tentación manipuladora--, y poder aplicar así las medidas correctoras necesarias, conviene detenerse un momento en la Asturias del presente. ¿Qué somos hoy?


No debemos caer en la fatuidad de creer que somos los depositarios de la verdad o de recetas mágicas que todo lo solucionan, pero tampoco podemos obviar a qué nos enfrentamos y en qué condiciones. La situación es evidentemente preocupante, como lo demuestra el clamor de los votos y el deseo inaplazable de una REGENERACIÓN POLÍTICA, SOCIAL Y ECONÓMICA. Tenemos ejemplos muy recientes en Europa que nos demuestran qué ocurre cuando se demora la búsqueda de soluciones, porque es conveniente sólo para el interés de una determinada opción política.

 

En los últimos meses de 2010 y los que llevamos del presente año, nos hemos encontrado en el Principado con la afloración a la superficie de diversos casos de grave corrupción en la Administración del Principado, con muy diversas ramificaciones internas y con evidentes implicaciones en otros ámbitos públicos y privados. Un ex consejero detenido e imputado, otra  Consejera en fase de investigación con indicios delictivos, alguna más, quieta, inmóvil, sin ánimo solidario de participar en la gran fiesta de la “MAREA” a celebrar en julio, que ya afecta  a cinco Consejerías. La mitad del Gobierno, señorías; varios altos cargos en la misma situación; unas pocas empresas privilegiadas y, lo que quizá sea lo peor, la terrible sospecha de que la opinión pública sólo conoce por ahora, una pequeña parte de las irregularidades y delitos cometidos, que constituían un clamor silencioso y que sólo han estallado por una serie de curiosas coincidencias. Un caso; varios casos de corrupción, pueden no ser un grave problema si se atajan a tiempo, con decisión. Pero estas prácticas, mantenidas a lo largo de los años, generan la sensación de impunidad entre los corruptos y la sensación de indefensión entre los afectados. Y aún hoy, mientras la justicia sigue su labor, la opinión pública acusa: nadie se ha responsabilizado, desde el ámbito político, de lo que tenía en su propia casa, mientras se pregunta, señalando a la luna, por qué han perdido las elecciones que creían ganadas. Nada es justificable en este campo, ni por supuesto, los vínculos de amistad se pueden utilizar como manta encubridora. La sociedad nos exige la verdad y esta antes o después, créanme que se sabrá. Yo no estaría hablándoles a ustedes aquí y ahora, si no tuviese la certeza de que los desmanes contra las arcas públicas iban a ser depurados en todos los órdenes

No es difícil de entender cómo la sociedad asturiana, observa desalentada que muchos de sus representantes públicos no les sirven, sino que se sirven. Porque la corrupción, en cualquier lugar y tiempo empobrece, envilece y desanima a los ciudadanos honrados, que son la mayoría. Dejemos, sí, que la justicia actúe en su ámbito, pero los políticos no seremos creíbles mientras no asumamos las responsabilidades que nos corresponden por dolorosas que estas sean, en nuestro ámbito de responsabilidad, sin dilaciones, sin huidas, sin frases altisonantes como las escuchadas “a mí que me registren” que vienen a significar aquello de “aunque todos somos del mismo barro no es lo mismo bacín que jarro”.


Y  es que además la corrupción, una grave anomalía en cualquier Estado de derecho que se pueda considerar como tal, tiene funestas consecuencias cuando se produce en un contexto económico como el que tenemos en la actualidad. Algunos líderes de partidos políticos que no han salido bien parados en las recientes elecciones, achacan estos resultados a la situación económica mundial, a la europea, a la española, a lo que sea con tal de no admitir que hoy, en Asturias, no se genera empleo, se destruye; no se crea riqueza, se impide, y no se mejora el tejido industrial y tecnológico, sino que se empobrece lastrado por unos desalentadores datos.

 

Asturias durante el periodo de mandato socialista no ha hecho nada más que reducir su peso relativo con respecto al conjunto del País, sin que ustedes hayan hecho nada por remediarlo. En el periodo 2000/2009 Asturias fue la región con menor tasa de crecimiento anual 1,69% frente al 2,21% de la media nacional. Más allá de fríos porcentajes, tenemos una gran conclusión: Por su mala gestión económica, no han sido capaces de aprovechar los años de crecimiento económico para iniciar la senda de la recuperación de Asturias, que permitiera reducir los tramos y diferencias del bienestar de los individuos que integran una sociedad.

 

La renta per capita es un indicador comúnmente aceptado. Los datos del primer trimestre de 2010 del INE, nos dice que la renta de un asturiano es inferior a la media nacional un 5%, un 30% inferior a un navarro o madrileño y un 36% inferior a la de un vasco.

 

Asturias se ha convertido en una economía de transferencias, en la que la renta de sus ciudadanos no depende de la actividad económica, sino de la caridad del resto del Estado. Sirva como dato que el 27% de la población asturiana es pensionista y 6 de cada 10 hogares asturianos, tiene entre sus fuentes de renta una prestación social (la cuarta cifra más alta del Estado), por detrás de Extremadura y Castilla y León. Asturias es la Región con menor tasa de soporte del sistema de bienestar; por cada cotizante hay un beneficiario. Dicho de otra forma más precisa, solo 1.05 afiliados por cotizante frente al 1.44 de la media nacional o el muy alejado 2.13 cotizantes por perceptor de la Comunidad de Madrid.

 

Con estas cifras poco queda por añadir, salvo pensar que ustedes dicen que la crisis no ha azotado tan fuerte a Asturias en las cifras de paro como en el resto del Estado, permítanme responderles que con una tasa de actividad del 51% la más baja del estado, cualquier dato sobre desempleo resulta muy matizable. Pues en efecto, si la tasa de actividad es el cociente entre el número de personas activas y la población total, en Asturias, una de cada dos personas está incorporada de manera efectiva al mercado laboral, en consecuencia, resulta imposible por esta cifra, que la tasa de empleo se eleve por encima de la media nacional.

 

Ustedes han aliviado los efectos sociales  del declive económico asturiano y de la actual crisis económica, a costa de retrasar su recuperación, hipotecando el futuro de generaciones enteras de asturianos. Hay remedios que alivian los síntomas pero que no curan la enfermedad. Los profesores Carlos Monasterio y Ángel de la Fuente ya en el año 2001 advirtieron que si Asturias no reaccionaba, iba camino del subdesarrollo. A este respecto  sentenciaban que “en economía resistir es perder y Asturias se ha especializado en la resistencia”. Ustedes se han especializado en perder, en hacernos perder la senda de un futuro económico basado en la actividad empresarial, en sectores económicos de elevada tecnología y alto valor añadido, en la innovación. Pero les diré que hemos perdido 12 años y que Foro Asturias trabajará para poner Asturias en el lugar que históricamente tuvo.

 

Pero además tenemos otro grave problema, específico nuestro: La generación más preparada de la historia, ha tomado la penosa decisión de emigrar de Asturias. Las consecuencias son evidentes, nos encontramos con un problema de descapitalización humana que luego cuesta décadas revertir. Esta es una lucha esencial que tenemos que afrontar de manera poliédrica, entre todos –y recalco entre todos, sin exclusiones--: en el ámbito de la educación, el tejido industrial, el mundo rural, las infraestructuras, físicas y tecnológicas, la cultura… y, lo que resulta esencial, con la convicción de que podremos lograrlo si no renunciamos a nuestra virtudes, a nuestras potencialidades, que son muchas. Y, al mismo tiempo, renunciamos al dramatismo y a la lastrante tendencia a creer que alguien  tiene que venir a darnos las soluciones sin aportar nada de nuestra parte.

 

En los últimos tiempos, Asturias se ha convertido en el paradigma de lo que no se debe hacer para salir de la crisis que nos atenaza. Prácticamente todos los indicadores económicos y sociales han marcado retrocesos muy preocupantes. Ya no son los casos de corrupción  referidos, sino la ineficacia de las políticas llevadas a cabo, una y otra vez, con insistencia, siempre en la misma dirección y siempre equivocada, lo que ha llevado a los ciudadanos a pensar que sus gobernantes son el problema y no la solución. El pacto de la izquierda, PSOE e Izquierda Unida, consolidado en las últimas legislaturas, se ha mostrado incapaz de regenerar el Principado como así se lo demandaba la sociedad. Si, además, unimos la voluntaria negación a alcanzar algún tipo de acuerdo con propuestas que no saliesen de sus propias filas, en un ejercicio de continuada intolerancia, nos encontramos ante una delicadísima situación que hace que vislumbremos la posibilidad de un colapso.

 

Esta intolerancia se transforma en deslealtad a las instituciones; a aquellas normas que sostienen los traspasos de poderes  entre gobiernos; a la propia sociedad que repudia el trilerismo político, cuando se utilizan sin reparo las actuaciones del gobierno en funciones, para atar y consumar todo tipo de situaciones. Aprobación de expedientes masivos por la Cuota que afectan a urbanismo, planes parciales, sectores energéticos, etc; el cambio en la RPT de los funcionarios públicos y laborales de la Administración, el cambio en la normativa sobre seguridad de la información; adjudicaciones del Jardín Botánico; la firma de un nuevo concierto con el Colegio de Farmacéuticos a efectos de un nuevo modelo de facturación de fármacos; ayer mismo señorías, el día de la sesión de investidura se publican las subvenciones  del IDEPA por importe de más de 9 millones de euros y ya como guinda de la desfachatez política, la cesión de edificios del Niemeyer de capital público a la Fundación –no consumada legamente-con un Presidente .del Gobierno que se asigna vitaliciamente su mausoleo político particular, de manera similar al gran Faraón Keops con su pirámide en el Valle de Gizeh.

 

Después de 12 años de gobiernos socialistas en el Principado, sólo podemos decir que el pesimismo que inunda a la sociedad es claro indicador de que sus políticas han resultado, en términos generales, fallidas. Demasiadas contradicciones, demasiados errores y, sobre todo, se ha dejado notar una puesta en práctica de políticas destinadas a una parte de los asturianos, en un claro ejercicio de sectarismo, como si la verdad única fuera posesión suya y todos los demás viviesen al margen de lo que es bueno y malo. Las consecuencias han sido funestas, y su grave derrota electoral no puede sólo ser achacable a la coyuntura nacional, si bien es verdad que los sucesivos gobiernos de D. Vicente Álvarez Areces han asumido siempre las políticas de Rodríguez-Zapatero con un asentimiento rayano en el autismo. Déjeme trasladarles la opinión humilde de este portavoz: es la suma de ineptitud, prepotencia y corrupción, lo que les llevo por el calvario de la derrota electoral.

 

Del Partido Popular se podrían decir muchas cosas. Daría para un tratado político en el que se explicase qué es lo que se debe hacer para perder todo el crédito que se tiene, para revelarse como una formación en perpetua parálisis. La debacle que ha padecido en las recientes elecciones, y que no cuenta con parangón posible, tiene su origen, sin duda, en su desintegración orgánica, en su desprecio a miles de militantes que pasaron de la entrega y la ilusión a la desafección creciente, producto de una dirección regional atenta sobre todo, a gravitar sobre el ámbito de los intereses de un dirigente local, cuya decadencia es la mayor obviedad que ha sucedido en Asturias en los últimos años. Llevan muchos años sin aportar ideas para salir de esta crisis y  solo esperamos que las cosas cambien a partir de ahora y que su situación actual sea un acicate para el futuro. Pero nos tememos que como la frase bíblica, solo podamos decir a nuestros conciudadanos con referencia a este partido “abandonad toda esperanza”.


Foro Asturias efectúo el 14 de junio un propuesta de pacto de legislatura, que tuvo una contestación fulminante: el singular acuerdo entre el PSOE y el PP que viene incidiendo sobre la política asturiana desde hace mucho tiempo y que se concretó tras las elecciones, en el Ayuntamiento de Oviedo con machacona insistencia, en el de Pola de Siero; en Llanera, en la antedicha Junta del Principado, en la Mesa de la Cámara y en la propia  Junta de Portavoces, y por no ser prolijo, en toda ocasión que ambos partidos convergen y votan conjuntamente. Es un pacto que ha consistido en “tu gobiernas pero poco y yo me opongo pero poco”. Nos repartimos el pastel del Principado y de la capital, Oviedo, como buenos camaradas. Pero no nos engañemos, en política como en la vida, rara vez existen los gestos altruistas. El Partido Popular y el Partido Socialista, en armónica entente, son la superestructura y coraza de todo un entramado de intereses e influencias económicas, en el que grandes empresas convergen, con instituciones financieras y grupos mediáticos .

 

Las rimbombantes declaraciones de la portavoz del grupo popular, Sra. Espinosa, un día sí y otro también, jalonan  estas semanas el paisaje informativo. Se empeña de manera reiterada y cansina en disfrazar la verdad. Y ésta es que el PP asturiano, desaparecido del mundo pecador y terrenal su Presidente, en busca de su nirvana particular y dirigido a distancia por el Alcalde de Oviedo, solo obedece a intereses políticos y personales del mismo y les importa un comino Asturias, los asturianos y su futuro y los pactos que no le beneficien a él.

 

Cuando muchos o quizás todos los que hoy somos testigos de los acontecimientos, ya no estemos en esta cámara, algún metódico y concienzudo historiador analizara el desarrollo político, económico y social de estos años, preguntándose como los asturianos hemos tolerado tal deterioro de nuestra soberanía y dignidad política. Será la crónica histórica de una gran felonía a Asturias. Y en ese estudio, Sra. Espinosa su nombre brillará, aunque créame, no con luz propia, como paladín de un protagonismo político puesto al servicio de manera histriónica y desproporcionada, “del hombre que susurraba a los caballos”. Pero recuerde a Horacio ,gran poeta latino, cuando dijo , que “ lo importante es someter a las circunstancias, no someterse a ellas”.

 

Y luego está Izquierda Unida. El permanente servilismo respecto al poder. Su abrazo en las dos últimas legislaturas a los ejecutivos de Álvarez Areces, es el más claro ejemplo de que se puede ser inoperante en la oposición y se puede ser inoperante en el Gobierno. Vivir anclados en el pasado es lo que tiene; son especialistas en poner etiquetas a los demás y frases de titular mediático y cuando pueden ejercer alguna responsabilidad, ansiada y mendigada, caen en la evidencia: no están preparados. La mayoría de sus propuestas, de llevarse a cabo, conseguirían retrasar aún más nuestra recuperación, e incluso tienen la humorada de desentenderse de lo hecho en los últimos ocho años en el Principado como si ellos no hubiesen dejado su huella en consejerías y direcciones generales.

 

Hasta el 22 de mayo, los gobernantes de nuestra comunidad no fueron capaces de reactivar una situación de deterioro. Y las consecuencias se han visto en las urnas: hoy se encuentran en la oposición. Se podría decir lo mismo de muchos ayuntamientos en los que la izquierda no ha hecho más que evidenciar su fracaso, lo que ha traído sorprendentes y muy gratificantes consecuencias, como es el caso de Gijón. Después de 32 años de ininterrumpidos gobiernos de la izquierda, un partido de nueva creación, Foro Asturias, con la bandera de la regeneración, ha provocado la ilusión necesaria para convertirse en la alternativa necesaria. Y la ciudad ya nota el cambio, se han creado expectativas, nuevas oportunidades y se ha acabado con la repetición de caras y políticas fracasadas. Pues bien, esto es lo que nosotros queremos para el Principado 

 

Señoras y señores diputados. Esta es la situación actual. Decía San Agustín que “es malo sufrir, pero es bueno haber sufrido”. ¿No hemos sufrido ya bastante? ¿No ha llegado la hora de que aprendiendo de nuestro pasado busquemos la imprescindible regeneración que nos saque del atolladero en el que nos encontramos? Los asturianos lo creen así; y así es como surge esta nueva formación política que ahora les habla en mi persona, pero que no es más que la respuesta al deseo de muchos, de una mayoría, sea del signo que sea.

 

Aseguraba Ortega y Gasset que una sociedad sea inmoral, tenga o contenga inmoralidad, es grave; pero que una sociedad no sea sociedad, es mucho más grave. En este punto quiere Foro Asturias situar su acción política: devolver la sociedad a los ciudadanos, para lo que es esencial, antes que nada, acortar las diferencias que existen entre la clase política y sus representados.

 

Pero el primer paso de ese imprescindible camino tiene que partir de esta misma institución, la Junta General del Principado. Los asturianos nunca se creerán que queremos acercarnos a ellos, para conocer mejor sus problemas, si no somos capaces de ponernos de acuerdo en lo imprescindible.

 

Las ideas, las buenas ideas, no pueden ser enterradas por los prejuicios interesados, por el miedo a que quizá sea otro el que tenga la llave de las soluciones o el estímulo necesario para poner a todo el mundo de acuerdo. Que nadie lo dude; habrá que tomar medidas, medidas necesarias  que han sido expuestas aquí. Por eso, es fundamental tener la altura de miras suficiente, para que todos podamos aportar y todos cedamos en aras del interés común: la solución  a los problemas de los asturianos. Tenemos, y lo repetiré las veces que sean necesarias, una permanente vocación de pacto, de entendimiento, de llegar a acuerdos. Nuestras puertas, a lo largo de esta legislatura siempre estarán abiertas, nuestras manos, tendidas, pero quien venga a nosotros ha de entender que la generosidad ha de ser mutua para ser sincera y para aportar algo.

 

No es el momento en mi intervención de hacer un pormenorizado análisis de las propuestas que, recogidas en nuestro programa electoral, van a constituir la acción del gobierno presidido por Francisco Álvarez-Cascos. Le ha correspondido a él realizar ese inventario de planteamientos que permitan convertir en realidad precisamente el encabezamiento del citado programa electoral, “El cambio necesario para Asturias”.

 

Desde luego, nuestro grupo parlamentario tiene muy claro que los primeros pasos para hacer efectivo ese cambio del que tanto hablamos, tienen que centrarse en la regeneración de las instituciones y de la propia administración autonómica. Es aquí, en la Junta General del Principado, donde el Gobierno debe ser controlado y su labor evaluada, con el objetivo meridiano de que no se produzcan desviaciones entre las intenciones y los hechos. Pero por cierto, ese cambio de talante en la Cámara y hacia la Cámara, Sr. Fernández también debe aplicárselo, escuchando respetuosamente la intervención de los diversos oradores y no molestándolos, como todo el mundo ha tenido ocasión de ver en el día de ayer. Los grupos parlamentarios PSOE-PP, en su entente  cordial, ya a estas alturas con solera, han creído necesario que la presidencia del Parlamento no recayera en un representante del partido con más diputados. Como es lógico, lo aceptamos, pero no sin advertir que resultará un grave error tratar de reducir todo a un deseo de reparto más o menos equilibrado. Si detrás no hay una verdadera voluntad de ejercer con responsabilidad la defensa de los intereses comunes, estaremos demorando las soluciones que la sociedad nos demanda.

 

El Gobierno que va a liderar Francisco Álvarez-Cascos bajo el cobijo del programa electoral de Foro Asturias, sabe cuáles han de ser las primeras decisiones que hay que tomar. Yo diría más, las primeras y las siguientes. Son nuestro “cambio necesario para Asturias”, para conformar la Asturias del Futuro, que ya han sido contrastadas en esta sesión de investidura.


Primero. El cambio para regenerar las instituciones y la administración autonómica


Que es la demostración de que otros modelos de gestión de los asuntos públicos es posible, reduciendo, simplificando y eliminando aquello que resulte gravoso e innecesario.

 

Segundo. El cambio para la recuperación económica y la creación de empleo en Asturias

 

La eficacia pública es el punto de partida para que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades, y puedan optar a no abandonar nuestra tierra. Asturias no se puede permitir un solo parado más. Y por ello resulta prioritaria la creación de un Plan autonómico de empleo que revierta la dramática situación actual.

 

Tercero. El cambio para mejorar la calidad de vida de los asturianos

 

Reto desde aquí a cualquier diputado de esta Cámara y a sus respectivas formaciones a que nos digan si están en desacuerdo con fomentar una sanidad pública y gratuita de excelencia; una educación basada en la libertad y la autonomía escolar; a apoyar a la familia como fuente de bienestar social; a proteger a la tercera edad o integrar a los inmigrantes, o a luchar por la igualdad, la protección del medio ambiente o la obtención de una vivienda.

 

Cuarto. El cambio para conformar la nueva Asturias

 

En este punto situamos en primer lugar la visión que tenemos del papel que debe jugar la Universidad. Una Universidad libre, abierta, sin dogmatismos, con honradez, altura científica, que mire a Europa y el mundo y que tenga inquietud social. Así la ansiaba, a finales del siglo XIX y principios del XX, el “Grupo de Oviedo”, en el que fue, sin duda, el mejor momento de esta institución, y así la deseamos nosotros ahora.

Y la nueva Asturias también debe analizar nuestro papel en el mundo, las infraestructuras imprescindibles, las telecomunicaciones del presente y del futuro, la protección de nuestra cultura, tradiciones e historia, el turismo. Es una Asturias de futuro.

 

Indalecio Prieto, nacido muy cerca de aquí, contraponía al “España como problema” que aducían algunos pesimistas pensadores del 98, el “España como solución”. Socialista a fuer de ser liberal,   Prieto proponía en esta frase una solución a los conflictos de España basada en la transformación progresiva de la nación. Cuando siendo ministro de Fomento de la Segunda República pudo llevarlo a la práctica, puso en marcha un programa auténticamente regeneracionista que se desarrollo hasta muchas décadas después, incluso finiquitado aquel régimen. Hagamos nuestra esa idea y sigamos la senda de “Asturias como solución”, una Asturias fecunda y próspera que sea de todos; en esa tarea nos encontrarán siempre dispuestos.

 

Sigamos la senda de tantos  líderes indiscutibles que están en la mente de todos y que aportaron ideas y acción de progreso y desarrollo, de trabajo, asturianía y orgullo de pertenecer a una tierra que a lo largo de su historia siempre ha dado más de lo que ha recibido.

 

Decía Melquíades Álvarez que las ideas reformistas son “por exigencias del contexto y del deber propio, el fundamento de un partido revolucionario” y ello me lleva a preguntar qué significa hoy y aquí en la Asturias del año 2011.Permítanme referirme a la siguiente:

 

Cita bibliográfica de  Melquiades Alvarez

 

“…Frente al conservadurismo inmóvil, acomodaticio, propio de una cómoda oposición sin trascendencia y frente a la arrogancia de una izquierda dominante, fundamentada en una larga trayectoria histórica, no siempre positiva, que ha entrelazado circuitos de intereses y clientelismos, desgajada del cuerpo social y sumisa al poder central del mismo signo, nos presentamos como el partido del porvenir, del radicalismo de ideas generadoras de riqueza, preñado de una concepción ética de poder; de la inducción a concluir  “el estancamiento político que como la aguas estancadas conducen a la infección y a la muerte “…de nuestra Comunidad.

 

“…La vida política es muy parecida a la vida humana, es paciente, constante, sucesiva de grandes anhelos y reformas, unas rápidas y otras lentas según el vigor con que surgen la ideas en la conciencia colectiva; según la mayor o menor resistencia con que se tropiece”. “..Somos una fuerza nueva que no puede ni debe confundirse con los partidos que hasta ahora estuvieron en el parlamento. No nos confundiremos con ellos, estén seguros. Tenemos afinidades programáticas con el Partido liberal, qué duda cabe, pero no podemos aceptar ninguna confusión con él, ni aceptar sus responsabilidades. Han sido estos años tan contradictorios, tan incoherentes, tan reaccionaria su conducta, tan estéril, permisiva e infecunda su acción, que si en un acto de demencia quisiéramos acercarnos y coaligarnos perderíamos nuestra singularidad y relevancia y no le aportaríamos ninguna fuerza...” Sepan por qué: “la transfusión de la sangre nueva en un organismo envejecido ni le alienta ni le regenera”.

 

Fin de la larga cita. Estas palabras de Melquíades Álvarez anunciadas en el Hotel Palace en 1913 resultan proféticas en su aplicación en Asturias. Melquíades Álvarez. Antología de Discursos. Clásicos del Pensamiento Político.

 

Foro Asturias, este grupo parlamentario que lo representa, el Gobierno de Francisco Álvarez-Cascos, que será el de todos, tienen el futuro como objetivo. Nos hemos lamido las heridas durante demasiado tiempo, adormecidos primero por un Estado protector y, más tarde, por un Estado mezquino, que en cualquier caso ha impedido, salvo honrosas excepciones, que nuestros propios impulsos se convirtieran en semilla productiva.

 

Tenemos claro lo que hemos sido, pero no tenemos tan claro lo que queremos ser. Desde luego, en FORO ASTURIAS, que ese futuro  vaya a ser  la entrega a intereses que no son nuestros, como acabamos de ver con la cesión de potentes instrumentos financieros propios, a manos ajenas nos irrita sobremanera. Nosotros creemos en una suerte de regionalismo que sin renunciar a nuestras esencias culturales, sociales, geográficas e históricas, nos permita además sentirnos cómodos en España y en el mundo. Solidarios y exigentes, con las ideas claras de hacia dónde vamos.

Nuestro compromiso es con Asturias con la normalización institucional, la seriedad y el rigor, la limpieza en el manejo de la cosa pública.

 

Vamos a alcanzar, con el apoyo de esta Cámara, la presidencia del Principado. Como grupo parlamentario, FORO ASTURIAS apoyaremos sin fisuras, sin reservas, las acciones políticas del nuevo Gobierno, formado en el ideal reformista ya expuesto. Nos tendrá a su lado, a cada uno de los diputados del grupo parlamentario que me honro en representar. Así de forma coordinada y complementaria cuenta con el pleno apoyo de todos y cada uno, con el fin de ejecutar un proyecto revitalizador de nuestras instituciones, de justicia social, en un marco de confianza en nuestro País.

 

Cuando las elecciones evidenciaron nuestra victoria electoral, Francisco Álvarez-Cascos, que ya todos veían como presidente del Principado, puso encima de la mesa una propuesta abierta, sin condiciones iniciales, sin las ataduras ni las prisas de tener que formar de inmediato el Gobierno. “Antes de entrar en pactos concretos de gobernabilidad”, apuntaba, “cabe la posibilidad de invitar a todos a consensos amplios en asuntos específicos, como, por ejemplo, la política de empleo o la transparencia”. Álvarez-Cascos añadía que “con los matices que cada uno quiera aportar, y con la generosidad de todos, pactemos unos compromisos fundamentales”, entre los que citó empleo, salario digno, vivienda y sanidad.

 

Una propuesta, entendemos, alejada del dogmatismo, y tan abierta, que nadie podía sentirse herido por cualquier condicionante. ¿Y cuál fue la respuesta? La propia del que se pone a la defensiva, la esperada de aquellas formaciones políticas que llevan décadas ancladas en los mismos usos y costumbres, en el clientelismo político. Es decir, duras críticas porque entendían que para hacer ese tipo de propuestas tendría que esperar a ser investido presidente del Principado. Así, señorías le podemos decir a un parado que la solución a su problema tiene que esperar al protocolo de la gobernabilidad.

 

Este grupo parlamentario cree en otra cosa. Cree, como dijo nuestro presidente en la campaña electoral, que la asturianía es hoy, ante todo, “un punto de encuentro en las grandes distancias y una referencia común en nuestra diversidad”. Existe otra forma de hacer las cosas, debemos generar la ilusión y la esperanza necesarias para que todos los asturianos se sientan identificados con la tarea de sacar adelante esta comunidad, y que la sociedad sea liderada por los más aptos y preparados. Pero, detrás, todos, sin excluir a nadie.

 

Sentimos, como lo sentía Jovellanos hace 200 años, que la moderación y el bien común son las herramientas, primero para la regeneración y luego para el progreso. Decía el ilustre polígrafo: “Cuando una promesa liga a los individuos de cualquier asociación, el sacrificio que hace cada particular de una porción de su libertad forma aquella masa de autoridad suficiente para la dirección y gobierno de todo el cuerpo”. ¿Quién no suscribe estas palabras?

 

El Gobierno que se va constituir, estará más o menos acompañado en su tarea por los señores Diputados de esta Cámara, pero tiene la fuerza suficiente para ayudar a que la nueva Asturias que todos deseamos sea una realidad. Tiene la fuerza de toda la sociedad. Tiene la fuerza de la Asturias de todos. Este es el gran apoyo de nuestro partido, que es quien apoya al nuevo gobierno.

 

Quiero terminar trasladándoles señorías, que yo de manera similar a como se manifestó el portavoz del grupo parlamentario socialista Sr. Lastra, en su intervención en el último pleno de investidura de 2007, rechazo el discurso del miedo; el miedo como argumento. Queremos decir a los asturianos que no se dejen conducir por aquellos discursos que ya en el pasado recurrieron al miedo. Ayer fue el miedo a la derecha que representa el PP, hoy es el miedo al reformismo de Foro Asturias. Aquí estamos para trasladar seguridad, certezas y alejar a Asturias de debates interesados. Se inaugura un nuevo tiempo histórico para Asturias, nuestra patria querida, en el que cabemos todos: las Instituciones Autonómicas, los grupos parlamentarios, los sindicatos, los empresarios, los ciudadanos ilusionados por el nuevo tiempo de limpieza y honor para esta sociedad a la que servimos.

 

La Investidura de Francisco Álvarez-Cascos, como Presidente del Principado, es el punto de llegada y al mismo tiempo, yo diría que de partida, de un gran movimiento de la Sociedad de Asturias, que en un tiempo  record, inédito en la política Regional y Nacional, ha culminado su gran reacción ante lo que veía a su alrededor  Ojala los vientos favorables de la ilusión y el trabajo ayuden a Asturias. FUERZA ASTURIAS.


                                               Oviedo 12/13 julio de 2011

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