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13/06/2011
Discurso de toma de posesión de Carmen Moriyón como alcaldesa de Gijón
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    Sábado, 11 de Junio de 2011

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, compañeros de Corporación, señoras y señores:

 

El pasado 22 de mayo, los ciudadanos expresaron en las urnas su libre y democrática voluntad. El resultado en Gijón de esas elecciones supuso un cambio histórico en las mayorías de este consistorio después de 32 años de gobierno socialista. En este momento de solemnidad institucional y de gran emoción personal, manifiesto mi gratitud a todos los gijoneses por igual: a los que nos votaron y a los que prefirieron –con toda legitimidad– otras opciones políticas.

 

Su primera consecuencia, la más inmediata, pero no la única, es mi elección como nueva alcaldesa de Gijón y presidenta de esta Corporación. Soy la segunda mujer de los cuatro regidores que encabezaron este ayuntamiento desde el retorno de la democracia a nuestro país, así que ya tenemos paridad plena entre hombres y mujeres. Desde hoy soy la alcaldesa de todos y al servicio de todos trabajaré. Agradezco al grupo municipal del Partido Popular y a su portavoz, Doña Pilar Fernández Pardo, la generosidad política de otorgarme su confianza sin nada a cambio. Desde hoy estudiaremos formas de colaboración que repercutan positivamente en nuestra ciudad.

 

Dedico también unas palabras a D. Santiago Martínez Argüelles, portavoz del grupo municipal socialista, y a D. Jorge Espina Díaz, de Izquierda Unida-Los Verdes.  A ambos ofrezco mi colaboración y con la lealtad institucional y capacidad de trabajo de ambos cuento para contribuir activamente entre todos a hacer las cosas mejor. Pese a nuestras evidentes discrepancias ideológicas, son miles los ciudadanos que ustedes y sus partidos representan y les aseguro que tendrán siempre abierta la Alcaldía para consensuar iniciativas que beneficien a todos los gijoneses.

 

Obviamente, debo reconocer el apoyo expreso del grupo municipal del Partido Popular, al que nos unen muchas cosas. Intentamos llegar a un acuerdo de estabilidad que no fue posible rubricar, pero tenemos por delante todo un mandato de cuatro años y estoy segura de que las cosas cambiarán en un futuro próximo.

 

Hoy es un día de ilusión y de esperanza donde se renuevan las instituciones locales en toda España. Hace más de un tercio de siglo que se inició en nuestro país, tras cuatro largas décadas de dictadura, una Transición democrática en la que los Ayuntamientos vinieron a desempeñar una labor clave en la recuperación de las libertades, en la mejora de las condiciones de vida de los españoles y en la construcción, minuto a minuto, del futuro de nuestros pueblos y ciudades.

 

En Gijón, un alcalde socialista de grato recuerdo y probada honestidad, José Manuel Palacio, tomó la primera antorcha para dirigir desde esta Casa Consistorial, los destinos de nuestra ciudad. En aquel año de 1979, ocupaban asiento en este mismo salón de Plenos otros 26 concejales que, al igual que su alcalde, dejaron huella. Baste recordar a los portavoces de los grupos municipales para que muchos gijoneses se sientan identificados -con independencia de su ideología o de su voto- con aquellos ediles que, junto con el alcalde Palacio, iniciaron el municipalismo en Gijón. Personas como el también socialista Alfredo Liñero, el comunista Andrés Alvarez Costales o el centrista Agustín José Antuña Alonso, dignificaron el servicio público y marcaron una impronta en la que todos debiamos fijarnos para emprender la labor cotidiana que nos han encomendado los gijoneses tras su cita con las urnas. Testigo y partícipe de aquella ilusión, de aquella emoción y de aquella tarea colectiva fue una de nuestras compañeras en el mandato que hoy iniciamos, Carmen Veiga Porto.

 

En aquella primera corporación democrática de ediles debutantes (como la mayoría de los que esta tarde ocupamos estos 27 escaños) y un pueblo esperanzado por la llegada de  la Democracia, estaba también Francisco Alvarez-Cascos, el que hoy es el líder y presidente de la formación política que me honró aupándome al cartel electoral de Foro Asturias y que, con el apoyo de los 5 concejales del partido popular y de los que formamos mi propio grupo, me ha colmado de responsabilidad y orgullo al concederme el bastón de mando de esta Casa, la Casa de todos los gijoneses. No resultaría prudente excederme en los elogios hacia el que entonces era joven concejal y, a pocos dias de recalar en la Junta General del Principado, ha acabado por acumular una acreditada trayectoria solo reservada a los grandes hombres de estado. Baste decir que yo, que jamás milité en partido político alguno, me afilié a FORO ASTURIAS por ser, precisamente, “el partido de Alvarez-Cascos”.

 

En lo personal, guardo -solo por unos años- la bata, el bisturí y el talonario de recetas para entregarme, de todo corazón y con todas mis  ganas, a la noble tarea de servir a mi pueblo, a nuestra gente. Nada puede haber mas grande para un político que recibir de sus paisanos el encargo de velar desde su Ayuntamiento por los intereses comunes.

 

 Por mi experiencia vital y profesional, acostumbrada a situaciones muy complejas, estoy preparada, junto con mi equipo, para dirigir nuestro Ayuntamiento. Y, esta tarde, me siento privilegiada al contemplar desde este Salón de Plenos a nuestro Gijón del alma, el Gijón que vibró con los goles de  Quini o con los éxitos de “nuestros jóvenes atletas del once local”, los de antes y los de ahora. El Gijón que cultiva la tarea de Jovellanos o el recuerdo de otro político mas reciente, Torcuato Fernández Miranda, hombre de confianza de Su Majestad el Rey y personalidad clave en la Transición a la democracia; la ciudad que cantó con el Presi o que se deleita con las esculturas de Rubio Camín o con los cuadros de Piñole; que se sigue riendo con las anécdotas de Turraína, de Garciona o del Manquín, ¿yes empresariu?. El Gijón de mujeres siempre dignas y luchadoras como Rosario Acuña, Corín Tellado, Rosario Trabanco o La Tarabica. La ciudad, la vida y sus vueltas que nos desgranó diariamente Francisco Carantoña desde El Comercio o las divertidas curiosidades y chanzas cogidas al vuelo en sidrerías y chigres que nos relató Dionisio Viña en sus artículos de La Nueva España. Una ciudad siempre agradecida a quienes como el doctor Avelino González tanto hicieron por la infancia en tiempos muy duros.

 

 

Acostumbrada a disfrutar en mis paseos del Parque de Isabel la Católica, la Universidad Laboral, la playa de San Lorenzo o Cimavilla produce cierta tendencia a empequeñecerse el ver nuestra ciudad desde esta Casa, pero no me arrugo; con todo, aun es mayor la magnitud del desafío que Gijón, los tiempos y la crisis brutal  nos exigen a todos los concejales. No me arredro, ni la Corporación se va a amendrentar: 25.000 desempleados no nos perdonarían que malgastásemos esfuerzos en disputas estériles y debates absurdos. Tenemos que desarrollar un trabajo modélico para que los gijoneses se sientan orgullosos de nosotros.

 

Todos ustedes saben que mi experiencia política es corta, pero en las actuales circunstancias sociales (con el desempleo azotando sin piedad y con la generación de gijoneses mejor preparados de nuestra historia fuera de Asturias), es una ventaja partir sin el lastre del descrédito en el que está sumida la clase dirigente actual. Asumo con orgullo el encargo de regir los destinos de nuestro Ayuntamiento y con equivalente humildad. Trataré de hacerlo bien y con sentido común, aceptando de antemano las críticas ante los desaciertos. Al fin y al cabo, es una servidumbre de todo representante público.

 

 Considero que la principal cualidad que valoraron muchos de nuestros votantes, definitivamente hartos de unas instituciones anquilosadas y con protagonistas repetidos, es la entrada de aire fresco renovador y regenerador del Ayuntamiento. Foro Asturias lo ha entendido bien al romper la inercia del bipartidismo dominante. Si en 1982 el cambio fue el PSOE, en 2011 el cambio lo encarna Foro Asturias.

 

Tengo un buen equipo de concejales. Estoy muy bien rodeada y me siento bien arropada. Confío, además, en los funcionarios y en el personal al servicio de nuestro Ayuntamiento. Ellos serán los que apliquen todo su saber, entender y práctica al servicio de los gijoneses. Son ellos, justamente, los que con su trabajo influyen de forma decisiva en el flujo cotidiano de la ciudad y ahí radica el éxito de toda gestión: hacer bien lo cotidiano porque es la suma de muchas cosas bien hechas la que garantiza el bienestar general.

 

Señoras y señores:

 

Esta tarde de relevos no puede ser, en modo alguno, una tarde para el olvido. Quiero hacer un paréntesis en mi primera intervención ante el Pleno para señalar que Gijón recordará con gratitud y afecto la entrega de la Alcaldesa saliente a este Ayuntamiento como colofón a una vida dedicada a la tarea pública. Cuando se han vivido intensamente cada uno de los 4.383 días de mandato municipal, restando tiempo a la familia y a los amigos para dárselo a los ciudadanos, lo menos que puede decirse es ¡gracias!

 

Gijoneses: ¡qué no falte en sus paseos por nuestras calles un saludo hacia la Alcaldesa Paz Fernández Felgueroso y un reconocimiento a su labor pública!

 

Como señalé anteriormente, el relevo en la Alcaldía ha sido un hecho poco frecuente en estos 32 años de democracia municipal. Asumimos el reto del cambio político, pero no hemos venido a poner patas arriba, de buenas a primeras, nuestro Ayuntamiento. El mejor diagnóstico es aquel que se hace con datos precisos y serenidad para pautar el tratamiento adecuado o indicar la correspondiente terapia. Necesitaremos datos para corregir con precisión los males que aquejan la vida municipal y tiempo para aplicarse en su solución. Sólo las urgencias se tratarán como corresponde y, para comenzar, considero muy urgente recuperar el papel acogedor del Ayuntamiento como primer lugar al que los ciudadanos acuden para resolver sus problemas. Los concejales -al menos los concejales del equipo de gobierno- deberán aplicarse en pisar la calle, dialogar con la gente y escuchar lo que nos dicen.

 

El poder tiene que ser ejercido sin prepotencia ni favoritismos. Sobre todo, en una sociedad compleja donde los intereses y preocupaciones de los ciudadanos se expresan de muchas maneras. También con la indignación, que resulta más aceptable si respeta la legalidad. Por tanto, a todos compete asumir que las urnas emitieron un mensaje nítido: el “Sí” a un cambio político en el gobierno municipal. Sin mayorías absolutas, pero con una apuesta clara por el mensaje reformista de Foro Asturias. Eso es lo que nos han dicho.

 

Llego, como decía Machado, ligera de equipaje. Puedo repetirlo: ligera de equipaje. Jamás ambicioné ser la alcaldesa de mi ciudad. Ahora bien, dirigirme a todos ustedes como regidora de Gijón me produce una emoción singular y profunda porque soy una apasionada de nuestra villa, lo que no me impide (más bien al contrario) conocer sus grandes posibilidades de mejora. Con ese objetivo inicio mi labor y ese es mi compromiso: trabajar, trabajar y trabajar: hacerlo a tres turnos para cumplir el mandato de los gijoneses, que quieren un Ayuntamiento cercano, eficaz y con vocación de servicio.

 

En ningún ámbito se puede comprobar la eficacia transformadora de nuestras decisiones como en los ayuntamientos; pero también en ellos el trabajo es más exigente por la rigurosa vigilancia de los ciudadanos. Así debe ser. La Alcaldía de Gijón tiene además la responsabilidad añadida de ser la más importante de Asturias desde el punto de vista económico y social. La nuestra es una gran ciudad, pero con importantes problemas. El objetivo de nuestro equipo de concejales es revertirlos y transformarlos en oportunidades de crecimiento y modernización, tarea para la que cuento con el apoyo de todos los grupos municipales de este consistorio.

 

Gijón es una ciudad con más de dos mil años de historia: su pasado nos habla de gentes esforzadas, de emigrantes y obreros, de empresarios y emprendedores, pero también de una historia de esfuerzo, trabajo y desarrollo que entre todos podemos reeditar. Para ello Gijón tiene que despertar de su letargo autocomplaciente y potenciar las iniciativas de los comerciantes y empresarios que luchan hoy con angustia por salir adelante. En ellos queremos centrarnos porque el sector público, siempre necesario, no puede ser por más tiempo el motor de nuestra economía.

 

Durante los próximos cuatro años mi gobierno va a estar definido por el principio constitucional de autonomía municipal. Eso me obliga a diferenciar con claridad los intereses de la institución que represento de otras motivaciones particulares que pudieran existir. A mí, como alcaldesa, me compete siempre defender los intereses generales de Gijón, los beneficios para mi ciudad, el crecimiento económico de los gijoneses. Ese es mi compromiso.

 

En todo caso, quiero reafirmar que las políticas sociales van a ser un referente para esta Alcaldía. Una ciudad moderna y solidaria tiene que ser nuestra principal seña de identidad, tal y como asumí en campaña con los representantes de los vecinos y los ciudadanos. Con el gobierno municipal de Foro Asturias ningún barrio se sentirá discriminado, ningún comerciante olvidado, ningún ciudadano marginado. Tampoco las familias, célula esencial de la sociedad, que serán el centro de atención de nuestra acción política.

 

Como alcaldesa, me comprometo a buscar siempre el consenso y lograr que todos los miembros de esta Corporación compartan los grandes retos que tiene la ciudad. Creo en el diálogo como una herramienta muy útil que voy a utilizar con tenacidad: ahora bien, el diálogo no es un fin en sí mismo, sino que estará siempre enfocado al cumplimiento de los compromisos electorales y atento a la defensa de los intereses generales.

 

Del mismo modo, tengo la firme convicción de actuar conjuntamente con el gobierno del Principado y con el gobierno de la nación para defender con independencia las necesidades de nuestra ciudad. Sin hipotecas previas, pero con exquisita lealtad institucional, ya que hay problemas complejos que precisan del concurso coordinado y generoso de las tres Administraciones. Por ejemplo, la seguridad ciudadana, la educación, la sanidad o las infraestructuras, donde tenemos asignaturas inexplicablemente inacabadas como el Plan de Vías o el Metrotrén. Ahora bien, jamás pondré excusas competenciales para eludir un problema. Gijón reivindica el reconocimiento de su papel como locomotora de Asturias, pero consciente de sus obligaciones con el resto del país.

 

Naturalmente que Gijón se ha transformado en el último cuarto de siglo. Tenemos más desarrollo, pero también más déficit, más paro y más fuga de jóvenes en pos de porvenir. En este proceso de transformación, nuestra ciudad ha envejecido por lo que se hace obligado frenar el éxodo juvenil y ofrecer alternativas de futuro.

 

Hoy existe un choque innegable entre el derecho al ocio y el derecho al descanso. La vivienda es cara y miles de jóvenes no pueden independizarse. Mi deseo como alcaldesa es impulsar todas las iniciativas que favorezcan la cohesión social y la igualdad de oportunidades, sin discriminar a nadie.

 

La alcaldía hace una apuesta expresa por la potenciación de los Servicios Sociales proporcionando respuestas ágiles, adecuadas y cercanas,  sobre todo en momentos tan críticos y convulsos como son los tiempos actuales para las economías personales y familiares. Colaboraremos con las entidades, asociaciones y organizaciones que trabajan a pie de calle para aliviar las situaciones de dificultad sobrevenida.

 

Estoy segura de que en este mandato veremos el renacimiento del empleo en Gijón. Esa es una mis prioridades y a ella dedicaré todos los esfuerzos, porque la competitividad de la industria tradicional, tiene que conjugarse con la apuesta decidida por la innovación y el conocimiento que albergan los parques tecnológicos. A este factor económico debe contribuir decisivamente una política turística y cultural novedosa, abierta y participativa. Sólo un Gijón con vida cultural de primera categoría merecerá la consideración de “gran ciudad”.

 

Señoras y señores, tengo el convencimiento de que ésta es la hora de Gijón. No podemos esperar más; no debemos hacerlo. Si superamos las naturales y legítimas diferencias partidarias, si estamos a la altura de nuestros ciudadanos y responsabilidades, si miramos por el bien de nuestra ciudad, pondremos Gijón como referente para atraer empresas y para hacer turismo de calidad.

 

No vamos a renunciar a nada de lo ya conseguido. En la gestión de una ciudad no debe haber borrón y cuenta nueva, salvo en aquellos aspectos que contribuyan a reducir el gasto público no productivo. Por ello suprimiremos aquellos organismos, entidades y empresas públicas que no descansen en la racionalidad económica, sin que ello tenga merma en la prestación de servicios a los ciudadanos.

 

 Nuestra actuación debe aprovechar la austeridad y la eficiencia en la administración como base para proyectarse con entusiasmo hacia el futuro. Para ello, invito y cuento con la sensatez, diligencia y laboriosidad de todos los ediles aquí presentes. También con su lealtad; no con nuestro grupo, sino con la ciudad de la que somos servidores.

 

Termino con una referencia obligada a Jovellanos, al que tengo especial devoción por su espíritu liberal y por su amor a nuestro país. Estamos en el bicentenario de su fallecimiento y por eso más que nunca todo asturiano debe saber que Gaspar Melchor de Jovellanos y Ramírez es el símbolo de la libertad, de la cultura, del trabajo, del esfuerzo y de la franqueza, valores que manaban por igual de su fe cristiana y de su razón ilustrada. Por eso hoy quiero invocarle para la magna tarea que nos espera a todos los gijoneses en los próximos cuatro años.

 

Concluyo con una máxima suya de 1809, cuando estaba ya en la recta final de su vida. Es una de sus últimas reflexiones sobre la democracia, una idea sencilla, pero que me gusta como síntesis de su vida pública y lema para esta legislatura:

 

“Que gobierne siempre la Ley, nunca el hombre”.

 

Muchas gracias.

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