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30/07/2012
¿La desaparición de Mariano Rajoy, convierte a Mario Draghi en el Monti de España?
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El 13 de noviembre de 2011 Giorgio Napolitano, encomendó a Mario Monti la formación de gobierno, tras la dimisión de Silvio Berlusconi. Tres días después, con el país reventando en un episodio agudo de crisis de deuda, Monti tomó posesión como nuevo Primer Ministro, además de hacerse cargo de la cartera de Economía. La “tecnocracia” se adueñaba abiertamente de la política en Italia, desnudando ante la opinión pública la idea formal de “democracia”, de largo recorrido en Europa, que no en vano es la cuna de la cultura clásica de raíz grecolatina. Las grandes ideas fuerza de nuestra cultura parecen estar en cuestión, en esta Europa postcolonial, en la que todo lo que importa a los ciudadanos depende de los juegos de la “confianza” de los especuladores que hacen sus apuestas entre la solidez y la debilidad de las economías que fueron nacionales.

 

Mariano Rajoy es presidente del Gobierno de España desde el 21 de diciembre del pasado año 2011, y tras decir donde dije digo, digo diego, en casi todo su programa crítico hacia la gestión del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ha conseguido conducirnos a una situación límite, gracias, entre otras cosas, a su incapacidad para sostener una tesis, la que sea, sobre la forma de conducir nuestro dañado buque hacia algún puerto que no sea la catástrofe de los servicios públicos, ante la galopante crisis de deuda. En su Gobierno se levanta Cristóbal Montoro con unas declaraciones que contradice Luis de Guindos en dos horas, que a su vez es desmentido por Soraya Sáenz de Santamaría a primera hora de la tarde.

 

Crece el número de ciudadanos que tienen la sensación de que la liquidación de Rodrigo Rato ha sido la manera de eliminar del Olimpo político al posible Mario Monti español. La actuación de otro italiano, Mario Draghi, al frente del Banco Central Europeo, consiguiendo en unas horas, mediante puras declaraciones de principio, lo que no puede conseguir Rajoy -frenar la debacle abierta por su Gobierno-, parece estar situando a España ante una pirueta de más amplio recorrido que la de Monti en Italia, pues a estas horas, buena parte de los ciudadanos españoles pueden estar viendo en él, Draghi, un Monti para España, ya que no el Monti español, pues como todo el mundo sabe, Draghi es italiano, lo que convierte esta hipótesis en un chiste de dudoso gusto. ¿Estamos en puertas de alcanzar un nuevo momento histórico, gracias a Mariano Rajoy, que traslada el poder de los estados, desde la cúpula política, a la supuestamente independiente cúpula del banco emisor del euro?

 

La respuesta es no. Como sabe todo aquel que no sea un perfecto indocumentado, la independencia de los bancos emisores es un tamiz que filtra su verdadero control político, que en el caso de esta imperfecta Europa que comercia con una moneda única, sin un estado único que la avale con disciplina fiscal y presupuestaria común, convierte los tenues hilos con los que se controla políticamente ese banco central, en el verdadero poder político de hecho, que rige los destinos del continente. Eso sí, sin democracia ni real ni formal, porque esos hilos los tienen cogidos sólo unos pocos, que todos sabemos quienes son. Así pues, Mario Draghi ni es ni puede ser el Mario Monti de España, que no español, sino el instrumento con el que el eje francoalemán asume de manera tan directa, como institucionalmente sumergida, su protectorado político sobre esta desangrada España, que necesita desesperadamente sustituir a su fracasado procónsul Mariano Rajoy.

 

¿Nos resignamos a que ese procónsul sea elegido “a dedo” como en Italia, pasando a limpio la decadente situación a la que hemos llegado, o por el contrario mantenemos algún tipo de fe en nuestra democracia formal? Si todo esto no importa me callo. Si es así, si aún creemos que merece la pena intentar mantener alguna forma de democracia participativa, y aunque joda, que ya sé que jode, la única posibilidad de renovar nuestro sistema político desde el respeto a esas formalidades, pasa por la convocatoria de unas elecciones generales, algo, que hasta ahora sólo ha sido propuesto por Francisco Álvarez-Cascos, ex vicepresidente del Gobierno de la Nación, y hoy presidente de un partido, Foro Asturias, que resiste, a base de puro apoyo popular, el acoso de las fuerzas conjuradas de nuestro caduco régimen político y mediático, en un confín geográfico e histórico llamado Asturias.

 

 

 

Juan Vega

Vicesecretario de Comunicación de FORO

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