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26/08/2011
Clausura XXXIII Edición Cursos de la Granda 2011

La Granda, Asturias . Viernes, 26 de agosto de 2011

 

Señoras, Señores:

 

A lo largo de más de un mes, la Escuela Asturiana de Estudios Hispánicos ha celebrado los ya clásicos “Cursos de La Granda” que han alcanzado su trigésimo-tercera edición, que hoy clausuramos. Con los profesores Teodoro López-Cuesta y Juan Velarde Fuertes al frente de esta iniciativa que nació respaldada en 1979 por Rafael Fernández, hoy podemos celebrar con satisfacción lo que han contribuido estos cursos al cultivo de las artes, las letras, las ciencias, la política, la sociología, el europeísmo, la sanidad, la música, la economía y, en fin, tantas áreas del saber universal con el denominador común o la perspectiva de lo asturiano. Siempre tendremos en el recuerdo y en la gratitud a dos asturianos universales que hacían, cada verano, parada y fonda en estos cursos de La Granda. Me refiero a los profesores Severo Ochoa y Francisco Grande Covián, quienes, desde la disciplina científica, proclamaron y demostraron que, bajo toda generalización estadística, existe un sustrato peculiar y singular. El hombre nace, vive, se reproduce y muere, y no es lo mismo hacerlo en Tokio que en Bangla Desh, ni es igual haber nacido en Asturias que en California. Es ese culto a lo cercano, sin demagogia y sin falaces competiciones que lleven a un debate estéril, lo que hace universal a lo local, y lo que convierte en “especie a proteger”, intelectual y socialmente, estos “Cursos de La Granda” por los que vienen pasando indagaciones sorprendentes, reflexiones imprescindibles, y la punta de lanza del conocimiento. Añadamos a estas afirmaciones que cuanto aquí se hizo, se hace y se hará …, siempre estuvo bajo el signo de la humildad, de la modestia, de la dignidad…y, por tanto, mirando más a los contenidos que a los continentes, al espíritu de diálogo antes que a los convencionalismos académicos y, en fin, al riesgo y a la emoción del saber por delante de los protocolos de lo solemnemente vacío y deshabitado que aquí, como saben, jamás ha tenido asiento…

 

En este chalet vinculado a la siderurgia asturiana desde los tiempos de la antigua ENSIDESA, que generosamente sigue cediendo hoy ARCELOR-MITTAL, y en  este remanso de paz junto al embalse de tantos atardeceres, la historia de estos “Cursos de La Granda” ha transitado entre numerosas dificultades. Y si los ánimos de los profesores López-Cuesta y Velarde no estuviesen hechos de una pasta muy especial, tan tenaz e insobornable como inteligente y flexible, no hubiesen llegado a esta trigésimo tercera edición que hoy clausuramos. Pienso que el dúo funcionó tan bien y tan afinado, que cuando uno flaqueaba el otro le animaba, y cuando el uno lo veía todo oscuro el otro lo veía todo claro, administrando el entusiasmo y, al final, ahuyentando cualquier síntoma de pesimismo o de abatimiento. Lo que aquí se ha hecho  (tanto… con tan escasos medios…) es una labor de titanes, una tarea de gigantes, y una prueba  y un ejemplo de que la sociedad civil asturiana sabe hacer las cosas bien; en este caso, practicando el afán de la excelencia desde la artesanía del talento.

 

Otra característica atribuible al ya mencionado “espíritu de La Granda” es que, aún invitando este lugar prodigioso a un cierto aislamiento, lejos del mundanal ruido, aquí siempre se ha optado por la hospitalidad, por la política de puertas abiertas, por compartir los saberes, aunque cuidándose siempre de huir de la cultura como espectáculo social, y preservando las pautas de lo que el inolvidable profesor Severo Ochoa llamaba “la emoción de descubrir”, que es también la emoción de buscar y de debatir. El tándem que forman los profesores López-Cuesta y Velarde Fuertes, reforzado y matizado por el tiempo, por la convivencia, por la complicidad y por la amistad de un modo prodigioso, es un equipo de trabajo muy singular, que es una de las claves de lo que podríamos llamar “el espíritu de La Granda”. Ambos asturianos de los años 20 del pasado siglo, nacido en Oviedo Teodoro y en Salas Juan, son dos intelectuales volcados en el Derecho y en la Economía, y cuya fértil biografía podría resumirse como un intento permanente y casi obsesivo por estar al día. Y ese “estar al día” es un ejercicio que todos sus discípulos les agradecen y que, además, como es evidente, contiene el don de la eterna juventud…

 

Tal vez este “espíritu de la Granda”, caracterizado por “la emoción de descubrir” y animado por la vocación de “estar al día” resulte incompatible con la visión de la política entendida como oficio personal para sobrevivir a costa de la sociedad, pero los que concebimos la política como un acto de servicio a la sociedad y no llegamos a ella con objetivos de supervivencia, resulta muy gratificante el ejemplo altruista de estos dos grandes profesores universitarios que, lejos de conformarse con su merecido jubileo, nos regalan cada año una nueva etapa en la gran carrera de la excelencia, que ojala siga despertando en Asturias el afán de superación de cuantos siguen sus cursos y aprovechan sus enseñanzas.

 

La Sociedad del Conocimiento

Pienso que la nueva Asturias inspirada y continuadora de las ideas de Jovellanos no puede seguir ajena al imparable desarrollo de la llamada Sociedad del Conocimiento, la revolución del siglo XXI, que se sustenta en los grandes y rápidos avances tecnológicos del mundo de las telecomunicaciones, herramientas que posibilitan el extraordinario progreso en la creación de valor, y en la ruptura de barreras entre los mercados que nos lleva a la globalización. El futuro bienestar material de los ciudadanos, condicionado por el desarrollo económico, se establecerá como relación directa entre conocimiento científico y tecnológico y desarrollo de un país. Cerca del 60% de la riqueza de la humanidad se concentra hoy en las comunidades que atesoran el conocimiento, que suponen solo el 15% de la población. Son países que ocupan a sus ciudadanos en actividades de calidad y exportan sus productos y servicios.

 

Asturias necesita el cambio que nos conduzca en esta dirección y éste pasa, tanto por regenerar las instituciones y las administraciones como por transformar nuestro tejido productivo y nuestras empresas, para que derive en recuperación económica y creación de empleo. Un binomio al que debemos apuntar con determinación: desde la pasión por la importancia del reto, en la confianza que es alcanzable, y sobre la convicción que el logro pasa por asumir el sacrificio de una transformación significativa en el modo de hacer y de pensar, tanto de los ciudadanos como de nuestras Administraciones Públicas, Empresas y Agentes Sociales.

 

Este esfuerzo de regeneración y de transformación deberá romper con años de providencialismo y asumir que solo se logrará si los asturianos estamos dispuestos a contribuir con nuestro  esfuerzo y sacrificio. Nadie nos llevará hasta allí y otras comunidades y países, en peor posición y con menos mimbres de partida, lo están logrando. El programa de mi Gobierno plantea las líneas estratégicas del cambio que permitirá a nuestra Administración ser mucho más productivas, hacer más con menos,  así como mejorar el alineamiento de su actividad en el interés colectivo de nuestros ciudadanos y en el mercantil de nuestras empresas, a quienes tendremos que acompañar ya que es con su iniciativa y esfuerzo como crearemos riqueza y, con ella, empleo.

Incorporar a Asturias plenamente a la Sociedad del Conocimiento es una oportunidad genuina para un país maduro y desarrollado como el nuestro.  Partimos de un indiscutible valor local y necesitamos proyectarlo y convertirlo en oportunidad global. Somos una realidad de desarrollo económico y social y podemos ser un referente para muchos países y mercados. Extraer este valor y proyectarlo es una tarea corriente, a la vez que un reto permanente, de nuestro tejido empresarial y es nuestra misión apoyarlo. Si riqueza es símil de desarrollo económico, este lo es de competitividad que se sustenta en la innovación, única fórmula viable para asegurar la transformación y la salud futura de nuestro modelo productivo.  La innovación, como dinámica de cambio, es tarea colectiva de una sociedad y misión de un gobierno promoverla y cultivarla.

 

Todo proceso innovador resulta siempre de una coincidencia entre la ciencia, el desarrollo empresarial y la inversión en tecnología. Un proceso de transformación económica se desarrollará tras promover y cultivar la concurrencia de los actores: Universidades y Centros de Investigación, Empresas y Emprendedores y Gobiernos. Es esta una iniciativa que preocupa a todo responsable público pero pocos son los que se ocupan de coordinar las medidas necesarias y entender que deben conducir hacia un mismo fin: crear riqueza. La clave estará en apuntar las directrices correctas y abordar las actuaciones debidas, aceptando que ello supone un cambio de nuestro “modus operandi” actual y, quizás, perdidas de privilegios para algunos como contrapunto de mayores oportunidades para casi todos.

 

La tecnología es la herramienta de productividad que multiplica capacidades y resulta en un imprescindible vehículo de transformación. La tecnología es un medio cuyo valor responde a un fin, conceptual, bien como herramienta de desarrollo de conocimiento apoyando a la ciencia o como vehículo de mejora de productividad, auxiliar de la actividad organizativa o productiva. En su conjunto, la tecnología es quien hace posible cerrar el círculo virtuoso entre idea y oportunidad que permite la generación de riqueza.

 

España, en general, y Asturias en particular son importadores netos de tecnología y, por ende receptores  de conocimiento traducido en producto tecnológico. Hay muy pocas empresas tecnológicas locales, lo que lleva a tener que adquirirla en el exterior. Esto ya supone, como punto de partida, pagar un importante canon de adquisición que sale de nuestros recursos y pesa sobre el coste del desarrollo de la actividad reduciendo el valor añadido. Paralelamente, y con mucha frecuencia, el espectro de aplicación de un producto tecnológico responde a una funcionalidad general más que a una capacitación específica focalizada en una necesidad local, lo que encarece su coste, bien porque  incrementa el valor de adquisición o reduce el alcance de su eficacia o capacidad de sacar partido a la inversión.

La tecnología es, también, un gran mercado en manos de empresas de países poderosos que practican el denominado “soft power”, es decir, el ejercicio de inducir en terceros el interés o el deseo por lo propio, mediante un marketing inteligente que genera aparente necesidad, por ende, posición comercial y por tanto, consumo.  Esto, que no pasaría de ser una actividad normal de desarrollo comercial, deriva con frecuencia en una oferta impuesta , tanto porque condiciona la normativa o las metodologías académicas como porque se convierte en costumbre o moda con posiciones dominantes desproporcionadas y tintes de oligopolio. El efecto es conocido: un crecimiento espectacular del tamaño de mercado que compra lo que se promociona más que lo que se necesita.

 

La primera consecuencia es un gasto tecnológico excesivo e ineficiente desde una exigencia de utilidad poco elaborada, lo que lleva a reducir el valor de su aplicación y, por tanto, la utilidad potencial de la herramienta tecnológica como vehículo de transformación. Aquí volveríamos al viejo refrán castellano de “lo mejor está reñido con lo óptimo” y podríamos afirmar que estar en la última tecnología no es, con muchísima frecuencia, paradigma de estar en la mejor posición competitiva. El efecto, de gran importancia, es particularmente significativo en las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las llamadas TIC.

 

El problema es que la adquisición de elementos informáticos, o equipos, y servicios de telecomunicaciones se ha convertido en una compra por impulso,  donde la presión mediática y publicitaria lleva a asumir como artículo de fe las directrices estratégicas y funcionales de las grandes marcas, o cambiar de ordenador o de teléfono móvil mucho antes de una razonable amortización. La consecuencia  es una sobrecompra de productos o servicios, software o contenidos, desarrollos o metodologías que no se conciben, ni se desarrollan, ni se fabrican aquí. Es una industria, muy importante, que no tira de nuestra economía, sino de la de sus países de origen y tampoco responde a la demanda real y afinada de herramientas de transformación.

 

Corresponde, por tanto, a nuestras empresas y a la Administración Pública valorar la importancia de definir la inversión en tecnología que aporte el nivel máximo de utilidad como consecuencia de responder a la mejor solución tecnológica, desde el entendimiento del modelo de necesidad o de negocio. Esto pasa por adquirir tecnología foránea, pero en una determinada proporción, y también por promover relación con potenciales socios tecnológicos locales comprometidos y cercanos.

 

El desarrollo empresarial

El desarrollo emprendedor es un elemento capital en el camino a la Sociedad del Conocimiento. La creación de muchas empresas de contenido tecnológico y propuesta innovadora es un elemento esencial en el cambio cultural que deberá producirse en el sistema económico  asturiano de manera que se progrese en la dirección de promover el conocimiento como principal generador de riqueza.

 

Durante años las Administraciones Públicas en todas partes, incluida Asturias, han realizado importantes esfuerzos por avanzar en la creación de un nuevo tejido empresarial de base innovadora. Muchas han sido las iniciativas: espacio, infraestructuras, servicios compartidos, ayudas económicas, todas enfocadas en el propósito general de cultivar el carácter emprendedor y la creación de nuevas  empresas. Los resultados apuntan a un progreso lento y lleno de dificultades, tanto en el arranque de las ideas como en desarrollo y viabilidad posterior.

 

La fórmula o el modo de abordar el camino pasa por una reflexión muy similar al proceso general de desarrollo de la innovación: promover y cultivar la concurrencia de los actores y medidas. En la definición de estos protagonistas y actuaciones esté la clave de mejora. Como en tantas otros campos ligados a la innovación, en España y en Asturias durante estos años, hemos hecho lo más caro. Ahora nos falta rematar con lo más difícil: conseguir que funcione.

 

El actor principal en el proceso es, sin duda, el emprendedor. Para ser emprendedor se requiere un carácter, unas ideas así como voluntad y capacitación para llevarlas a cabo. Reunir esta convergencia de cualidades resulta lo más difícil. Promover y cultivar este desarrollo, de personas, de equipos, de ideas y de capacidades, sin tener que apostar por experimentar con la realidad es mucho más factible.

 

Emprender la creación de empresas es una disciplina que se debe elaborar y promover dentro de un encaje estructural formativo que combine lo que hoy imparten las Universidades y las Escuelas de Negocios. De aquí la trascendencia de una nueva Universidad que enriquezca el panorama tradicional de Asturias. El próximo mes de noviembre se cumplirán los doscientos años de la muerte en Puerto de Vega del gran Jovellanos y ningún homenaje resultará más provechoso que el de aplicar sus enseñanzas a la solución de los problemas de Asturias y de España. Como señaló en una reciente conferencia el profesor Velarde (1), Jovellanos intentaba incorporar a España a la Revolución Industrial actuando en tres direcciones: preparando a sus gentes, reformando estructuralmente su agricultura y aprovechando el carbón asturiano como materia prima. Su lema para favorecer la prosperidad del país “buenas leyes, buenas luces y buenos fondos” (2) se completaba con el orden en que situaba “la Ilustración, como la primera fuente de toda prosperidad, como la única” (3) porque “ella atraerá capitales, arrancará auxilios al gobierno y forzará, por decirlo así, a toda la provincia a que se convierta a este manantial de la prosperidad” (4).

 

La Universidad Politécnica Jovellanos

Doscientos años después, aquellas ideas y aquellos principios no han perdido vigencia. Si Jovellanos se inspiró en su día (5) en el Real Seminario Patriótico de Vergara -dotado ya entonces con pensiones para profesores visitantes europeos- para promover su Real Instituto gijonés, basta darse una vuelta hoy día por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), por el de Georgia en Atlanta, por la Universidad de Michigan o por la de Stanford para saber como avanzan las enseñanzas de las ciencias y de la ingeniería en el mundo. Por eso, algunos llevamos quince años reclamando para Asturias la creación en Gijón de la Universidad Politécnica Jovellanos siguiendo el modelo MIT, con un tamaño pequeño, que incluirá centros universitarios de nueva planta y que podría consolidarse rápidamente instituyendo la figura de profesores invitados, habitual en otras universidades del mundo entero. Desde un principio la filosofía del MIT se basó en enfatizar la aplicación de la tecnología por parte de todos sus estudiantes de cualquier nivel, en estrecha colaboración con la industria y las instituciones. El MIT estimula la cultura emprendedora y los beneficios, lo que le ha generado importantes avances agregados, por ejemplo empresas fundadas por alumnos del MIT se encuentran entre las 17 mayores empresas del mundo. Desde su apertura en 1865, por sus aulas han pasado 76 Premios Nobel y, debido a su éxito, el modelo se ha exportado a otros muchos países.

 

Allí en Cambridge (Massachussets) la Universidad de Harvard fundada a principios del XVII es la universidad clásica, como aquí la Universidad de Oviedo, cada vez más abierta a todo. El MIT sería aquí la Universidad Politécnica Jovellanos, orientada como su nombre indica (Massachusetts Institute of Technology) a la tecnología, la industria, el tejido empresarial, la economía, la proyección global, y la Sociedad del Conocimiento, para atraer a Nueva Inglaterra, en nuestro caso a Asturias, el talento de todas partes, incluido el resto de EE. UU. y del mundo, y para influir ese terreno. También para proyectar ese talento (en nuestro caso el de Asturias o el formado en Asturias) al resto del mundo y para ayudar a la transformación misma de Nueva Inglaterra, por ejemplo con el desarrollo relativamente reciente de la ruta 128 (el equivalente a Silicon Valley), lo que aquí se traduciría en el triángulo Oviedo, Avilés, Gijón, por ejemplo.

 

El resultado sería disponer en Asturias de dos Universidades, del mismo modo que ocurre en Cambridge (Massachussets). La Universidad de  Oviedo sería Harvard y la Politécnica Jovellanos sería el MIT. La Universidad de Harvard y MIT están en la misma ciudad, coexisten, triunfan por separado y tienen unas relaciones excelentes, se ayudan y se facilitan las cosas, sin problema alguno. Salen ganando los dos, y “por goleada”, como diría la afición. Aquí en Asturias podemos hacer lo mismo para innovar y abrir al mundo nuestro modelo universitario clásico. Sería la columna vertebral del proceso de formación de emprendedores e, independientemente de otras carencias, nuestras Universidades clásica y politécnica deberían ser la base del talento y de los medios para formar en la ciencia y la tecnología, con tradición y solvencia.

 

Las Escuelas de Negocios

El encaje estructural para potenciar la creación de empresas lo completan las Escuelas de Negocios. Las Escuelas de Negocios en España atesoran prestigio y tradición y han sido elemento capital de nuestro desarrollo corporativo. Una buena parte de los cuadros que hoy conforman los equipos de nuestras multinacionales han aprendido el oficio y alcanzado la experiencia en estas aulas que figuran en todos los “ranking”, entre las mejores del mundo. Un programa especifico dirigido a perfiles con carácter y voluntad de potencial emprendedor sería una fuente de talento sobre la que construir desarrollo empresarial.

 

Las Escuelas de Negocio han proliferado en los últimos 30 años como consecuencia de la demanda de dos productos formativos de postgrado: el Master of Business Administration, MBA, título generalista en gestión y administración de empresas, muy demandado para acceder a trabajos generalistas, y la formación interna de las organizaciones empresariales. Las Escuelas de Negocio, valga la redundancia, son negocios movidos por la demanda de formación complementaria, y este concepto ha llevado a florecer una formación post grado muy extensa y variada y un interés mercantil en un cierto espectro de profesores.

 

El concepto de Escuela de Negocios es antiguo pero el desarrollo parte de las Universidades americanas desde principios del siglo XX. Particularmente importante es la contribución de Harvard, a través de la Harvard Business School (HBS), que desarrolló la actividad aplicando una metodología aprendida en su facultad de Derecho: el método del Caso. Este método consiste en sustituir la formación tradicional en base al estudio teórico/práctico de temas concretos o materias y hacerlo en base a narraciones (los casos) que relatan hechos y documentan datos sobre una determinada situación vivida por una empresa y sus protagonistas.  El Caso se estudia con detenimiento, se “rumia” con anterioridad a la clase y luego se debate intensamente en clases generalmente largas (90 minutos) donde el profesor conduce el debate y cada alumno aporta su visión.

El método del Caso ha demostrado ser un efectivo vehículo de aprendizaje práctico y, sobre todo, un acelerador de experiencia. Es un modelo teórico/experimental que ha permitido enseñar cuestiones difícilmente reglables, como las que se viven en el mundo de la empresa. En un programa de MBA se abordan entre 1000 y 2000 casos en los dos años de formación que cubren casuísticas sobre materias tradicionales como finanzas, marketing o control junto con otras de aprendizaje más sutil como estrategia, factor humano o responsabilidad social.

 

Impartir enseñanza en base al método del Caso revoluciona el modo de aprendizaje y el valor de conocimiento de la universidad correspondiente. La investigación, en buena parte, se dirige a la confección de los casos lo que lleva a extrapolar, desde una vivencia práctica, conceptos teóricos pero que se enseña (a diferencia de la ciencia tradicional) hablando de la primera: contando y debatiendo la historia, no expresando la elegante conclusión. Esto rompe, de entrada, un problema tradicional de la universidad clásica: no es posible realizar investigación que no sea práctica. Hay un segundo beneficio: el profesor debe saber cómo conducir un debate para alcanzar las enseñanzas y las conclusiones, y esto supone, inevitablemente, dar una importancia capital al modo de enseñar. Finalmente los alumnos son los que participan, enriquecen, se implican (no tiene sentido asistir a una clase sin haberse estudiado el caso) y se divierten…

 

El éxito de las Escuelas de Negocios viene precedido del ejemplo del desarrollo corporativo de los EE UU en la primera mitad del siglo XX y que Europa imitó tras la II Guerra Mundial. Valga apuntar la visión pragmática del Plan Marshall que nació como una iniciativa, y así lo presentó el famoso General/Secretario de Estado, en las aulas de Harvard.  En España el IESE (ligado a la Universidad de Navarra y con un campus en Barcelona) fue el pionero en imitar el modelo de HBS, casi miméticamente, tradujo los casos y logró interesar al mundo empresarial y atraer alumnos de élite a su programa residente, el MBA. El siguiente en prestigio es ESADE creado por iniciativa de la Compañía de Jesús que siempre ha tenido esta inquietud y, curiosamente, no han sido sus universidades de empresa más conocidas (la Comercial de Deusto o ICADE) quienes han llevado la iniciativa, sino ésta de nueva creación (a finales de los cincuenta). La tercera de escala mundial entre las españolas es el Instituto de Empresa (IE) ubicado en Madrid. Cualquier ranking (tanto europeo como americano) sitúa a estas tres escuelas en posición preferente en muchos de sus programas y consecuencia de ello es el numerosísimo porcentaje de estudiantes extranjeros que acuden a sus aulas.

 

En Asturias, FENA (Fundación Escuela de Negocios de Asturias) es un meritorio ejemplo de Escuela de Negocios regional. Nació en 1990 como iniciativa de las Cámaras de Comercio orientada a la formación de directivos y tiene sedes en Gijón, Oviedo y Santander. Han pasado por sus aulas alrededor de 1.300 alumnos. Mantiene acuerdos de colaboración con el Instituto de Empresa y tiene una organización prudente, con una muy escasa plantilla y un plantel dilatado de colaboradores. Mantiene, también, una incipiente labor internacional impartiendo cursos en Iberoamérica, China y Marruecos.

 

FENA es una plataforma muy meritoria sobre la que se puede construir para potenciar nuestra capacidad creativa de empresas. Tiene un valor/país para Asturias indudable y una tradición de lucha e imaginación muy notable que quiero resaltar en este capítulo.

 

Las relaciones Administraciones Públicas-Empresas

Si la columna vertebral es el elemento formativo, el motor de desarrollo de la innovación es un combinado de actuación entre las Administraciones Públicas y Empresas Tractoras.  Hasta ahora el rol de las Administraciones Públicas en el proceso de promover el desarrollo de tejido empresarial ha pivotado en el capítulo económico mediante subvenciones, ventajas fiscales o préstamos. En el proceso de transformación en organizaciones más eficaces, deberán gestionar con una visión estratégica los fondos públicos en el doble  interés de multiplicar la utilidad y generar riqueza y bienestar. Gestionar valorando, no solamente la adecuación objetiva del gasto o la inversión al propósito y al precio sino también por el componente de creación de valor, lo que se viene entiende por “compra innovadora”.

 

Tenemos en España y en Asturias empresas de contenido tecnológico con potencial tractor que encuentran su hueco en el mundo cuya contribución al desarrollo emprendedor puede ser capital, aportando una plataforma de realismo, experiencia y capacidad comercial. Debemos encontrar la manera de integrar el rol de nuestras Administraciones Públicas y Empresas para desarrollar este motor que nos conduzca hacia la sociedad del conocimiento, primero por la  voluntad de concurrencia en la actividad y después por la convergencia de intereses que nos lleve a la competitividad.

 

Creo que resulta cada día más cuestionable mantener el capítulo de subvenciones como apoyo a la labor emprendedora. La actividad empresarial no puede prescindir del concepto de riesgo y el valor promotor de las subvenciones para la creación de empresas parece desequilibrado, y dudosamente enriquecedor. Es más coherente apoyar e incidir en la concesión de financiación en condiciones favorables, para superar una limitación definitiva en tiempos de crisis. Emprender es un compromiso y los créditos hay que devolverlos. En contrapartida, sí que es enriquecedor promover el desarrollo de la “compra innovadora” que aportará experiencia y capacitación y acelerará los mecanismos de desarrollo empresarial.

 

El ferrocarril y la innovación

 

No puedo terminar una intervención centrada en la innovación sin referirme a los cambios tecnológicos relativos a los transportes y las comunicaciones que han tenido en el mundo un impacto mayor que cualquier otro sobre el resto del ecosistema, puesto que han implicado una gigantesca expansión del área geográfica de influencia al que las poblaciones humanas han podido acceder para obtener sus recursos directa o indirectamente, y, consecuentemente, han provocado también cambios en las formas de organización territorial.

Es así como, a causa de los cambios en la tecnología de los transportes y las comunicaciones, se pasó de las pequeñas comunidades independientes y autosuficientes de la antigüedad (las ciudades-estado, las polis griegas) a las actuales y emergentes comunidades supranacionales, como la Unión Europea. Este proceso de cambio en la dimensión espacial de las comunidades se debe a las relaciones de interdependencia que se crean entre grupos sociales. En medio del proceso, los estados nacionales de los siglos XVIII y XIX representaron una primera adaptación como una consecuencia de las crecientes relaciones de interdependencia económica y de los intercambios entre unidades territoriales más pequeñas, que fueron posibles por los avances en la tecnología de los transportes y las comunicaciones.

 

La revolución en las tecnologías de los transportes y comunicaciones experimentada en las últimas décadas, y los cambios que se pueden pronosticar para el futuro inmediato, están eliminando por completo el concepto de distancia geográfica. El rápido incremente en la frecuencia de intercambios de personas, bienes y servicios entre territorios ha expandido de manera exponencial la ampliación de los mercados, lo que ha llevado necesariamente a que los viejos estados nacionales se hayan visto obligados a crear estructuras de mayor dimensión, como ha sido el caso de la Unión Europa.

 

En este escenario, es una obviedad afirmar que la competitividad de la economía de un país y, por tanto, de su desarrollo empresarial depende de modo decisivo de la eficiencia de su sistema integrado de transportes. Desde su incorporación a la Unión Europea en 1986, España hizo suyo el compromiso de creación de un espacio sin fronteras interiores que exige la interconexión y la interoperabilidad de las redes ferroviarias nacionales, a través de acciones normativas y técnicas para lograr un nuevo sistema que favorezca el aumento de la competitividad del transporte ferroviario en Europa. Si esto es importante para la Unión Europea donde el ferrocarril alcanza una cuota de mercado en el transporte de mercancías del 22 % en Alemania, del 16 % en Francia y del 11 % en Italia, no es difícil admitir la trascendencia que supone para España donde la cuota actual de mercancías es del 4 %. Recordemos también que el ferrocarril es el modo de transporte más eficiente energéticamente y más respetuoso con el medio ambiente.

 

Por eso algunos impulsamos hace quince años, al final del siglo XX, al amparo de las Directivas Europeas, el primer programa ferroviario español para avanzar progresivamente hacia el ancho internacional, transformando toda la red nacional, apoyando el proceso en las nuevas tecnologías de patente española para trenes de ancho variable y para las traviesas polivalentes, dentro del Plan de Infraestructuras de Transporte (PIT) 2000-2010. Así se diseñaron y se pusieron en marcha todos los nuevos corredores de alta velocidad, en toda España. Entre ellos el Madrid-Asturias con la Variante de Pajares prevista para entrar en servicio en 2010. El BOE es testigo insobornable de los hechos.

 

Como tuve ocasión de manifestar hace tres semanas, en la inauguración de la Feria Internacional de Muestras de Asturias, lo que nunca imaginé es que en el siglo XXI los mismos que siempre rechazaron en la Junta General del Principado y en las Cortes Españolas –los Diarios de Sesiones tampoco mienten- la Variante de Pajares diseñada, proyectada, licitada, adjudicada e iniciada su construcción en 2004 para la nueva tecnología de la alta velocidad europea intentarían dar la vuelta al proyecto para retroceder al siglo XIX, intentando ponerla en explotación no se sabe cuándo, pero en ancho ibérico. Esta decisión del Ministerio de Fomento y del ADIF de poner en explotación en ancho ibérico la Variante de Pajares y otros corredores ferroviarios españoles no puede ser aceptada sin oposición por un gobierno comprometido con la innovación tecnológica, con la competitividad del tejido productivo y con la cohesión territorial, porque no responde ni al interés regional de Asturias ni al interés general de España.

Las mercancías también pueden y deben circular en ancho internacional en España, aunque a RENFE no le guste. Para la circulación de trenes en ancho ibérico, o ancho RENFE, especialmente los de mercancías que no requieren más velocidad sino mayor regularidad, no es necesario prostituir la Variante de Pajares con el tercer hilo o tercer carril porque pueden seguir haciéndolo por la línea actual, pasando por el viejo túnel de La Perruca. Así ocurrirá en otros corredores ferroviarios estratégicos para España, como la salida hacia Francia desde Barcelona, a través de la nueva línea de alta velocidad que incluye el nuevo tramo internacional Figueras-Perpiñán, por los que circularán viajeros y mercancías en ancho internacional, conviviendo durante unos años con el viejo corredor Barcelona-Port Bou en ancho ibérico, mientras se transforma el resto del corredor del Mediterráneo. Si por este último doble corredor Barcelona-Frontera Francesa  circulan  21 trenes diarios y 1.600.000 Tm/año, ¿qué dificultad plantea la continuidad del paso actual por Pajares, por el que circulan 20 trenes diarios y 2.700.000 T /año, con el funcionamiento paralelo de la Variante de Pajares en ancho internacional? ¿Por qué el Ministerio de Fomento da soluciones distintas en Asturias y en Cataluña al mismo problema, si aquí los tráficos justifican una solución idéntica mucho con mayores argumentos?

 

El problema de fondo de la política ferroviaria española, que repercute negativamente en Asturias, es el inveterado interés de RENFE de mantener su posición de operador en monopolio sobre dos bases: el aislamiento ferroviario nacional derivado del anacrónico ancho ibérico, y el abuso de su posición dominante en el actual mercado europeo liberalizado del transporte ferroviario de mercancías. Pero el interés de RENFE como operador en monopolio choca con el interés de España y con el de Asturias. España y Asturias necesitan la alta velocidad, es decir, el ancho internacional para incrementar la cuota de viajeros en el transporte ferroviario, cuya premisa básica es la velocidad, o sea, la reducción de tiempos. España y Asturias también necesitan más que otros países europeos la verdadera apertura a la competencia del transporte ferroviario de mercancías que impulsa la Unión Europea, y no la pseudo liberalización anunciada hace un mes con la creación de cuatro sociedades mixtas en las que RENFE se reserva el 55 % de la titularidad de sus acciones, ni tampoco la continuidad del monopolio no confesado de la tracción, es decir, de las locomotoras.

 

El ferrocarril es el modo de transporte menos competitivo, a la vista de los datos estadísticos, y es el último que se resiste a aceptar la competencia. En el pecado del monopolio lleva la penitencia de la pérdida constante de cuotas de transporte de viajeros y de mercancías. El ancho internacional en las líneas de alta velocidad españolas  como la Madrid-Asturias, y la apertura a la competencia sin abuso de posición dominante de RENFE en las mercancías, no son solo reivindicaciones regionales asturianas, sino verdaderas necesidades españolas para garantizar el futuro de nuestros ferrocarriles. La traviesa de tres hilos o tres carriles está justificada para introducir transitoriamente el ancho internacional en un corredor de ancho ibérico y acelerar su transformación, pero no para introducir el ancho ibérico en un corredor de ancho internacional y paralizar el proceso de cambio.

 

La perpetuación del ancho ibérico provocará graves daños colaterales en los puertos asturianos, porque los dos grandes puertos asturianos de Avilés y de El Musel tienen pendientes sus conexiones viarias y ferroviarias. La ampliación del puerto de El Musel con su calado de 20 m. lo sitúa a la vanguardia de los puertos españoles para tráficos de grandes buques Triple-E. Mientras la conexión ferroviaria del puerto de Barcelona ya opera en ancho internacional hacia Europa, el puerto de Avilés y el puerto español que transporta mayor volumen de Tm. de mercancías por ferrocarril, que es el puerto de El Musel, están abocados a desperdiciar una ocasión única para incorporarse a la red española de ancho europeo, y condenados a padecer el error de perpetuar el ancho ibérico que solo beneficia la supervivencia del monopolio de un operador público interesado en ello. También en materia ferroviaria los intereses generales de Asturias y de España marchan unidos inseparablemente, en defensa de la vertebración de todo el territorio y en la mejora de la competividad de nuestro tejido productivo.

 

Señoras y Señores, concluyo. Como tuve ocasión de manifestar en mi intervención durante la inauguración de estos Cursos de La Granda en 1999, si no existiera la Escuela Asturiana de Estudios Hispánicos, habría que inventarla. Como asturiano, como Presidente del Principado de Asturias, como interviniente en algún curso de la Escuela,  como alumno en alguna sesión, y también como amigo y discípulo de Teodoro y de Juan (dos inseparables galácticos del saber y de la cordialidad, como Herrerita y Emilín lo fueron del fútbol en el legendario Real Oviedo del que Teo fue secretario) quiero expresar mi compromiso con esta Institución ejemplar que, aún en plena galerna de la crisis económica, ha sabido, porque así lo han decidido sus rectores, sobrevivir con dignidad.

 

Les auguro, y haré cuanto esté en mis manos por colaborar con ese objetivo, que a los cursos de La Granda les queda una larga vida…, porque se lo han ganado a pulso, porque se lo merecen…

Muchas gracias.

 

 

(1) Velarde Fuertes, Juan. “Jovellanos, economista”. 2011

(2) y (3) Jovellanos, Gaspar Melchor de. “Carta a Godoy”. 1796

(4) Jovellanos, Gaspar Melchor de. “Carta sobre la industria en Asturias”. Hacia 1782

(5) Jovellanos, Gaspar Melchor de. “Discurso sobre la necesidad de cultivar en el Principado el                estudio de las ciencias naturales” . 1782.

 

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